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27 ene. 2010

La falacia de la libertad en el Neoliberalismo (libertad económica Vs libertinaje económico)

   Neoliberales; que confunden la "libertad económica" con el "libertinaje económico"...

   Así, el Neoliberal reivindica hasta la saciedad su "derecho a la libertad individual", y en ello pone todo su empeño olvidando casi al completo su "deber de compromiso hacia el otro".
Olvidando, precisamente, el mismo "deber compasivo" que a otros en el pasado les movió a hacerle a él un hombre libre en el presente. El espíritu de los Liberales/Ilustrados de hace tres siglos, que libraron al siervo del yugo del Monarca, la nobleza y la jerarquía eclesiástica, convirtiéndolo en ciudadano, en "hombre libre"; "libre", para interactuar con sus iguales en un intercambio subjetivo de "reconocimiento mutuo" que derivara en unas relaciones objetivas -sociales, políticas y económicas- equilibradas. Cuando Adam Smith elaboró su teoría del liberalismo económico, fundamentada en la premisa del "buen egoísta", como el ciudadano emprendedor que produciría una sociedad más equilibrada y próspera en un marco socio/político de libertad económica, no imaginó que esta "idealización" suya derivara, realmente, en el hecho experencial del "puñetero egoísta", como el ciudadano emprendedor que produciría una sociedad casi tan desiquilibrada como la del mercantilismo económico al que dicho liberalismo derrocó. Poniendo, finalmente, de manifiesto que la libertad económica al servicio de ciudadanos libres faltos de "compromiso social", deriva, realmente, en el "libertinaje económico" que da cobijo a aspectos insanos de la economía liberal, como lo son las burbujas inmobiliarias, las especulaciones, los préstamos usureros, la manipulación consumista, ... todos ellos, aspectos de la economía que, sutilmente, esclavizan, nuevamente, al hombre libre.

   Así, del mismo modo que el Marxismo mató la parte de nosotros que nos hace "diferentes", el Liberalismo hizo lo propio con la parte nuestra que nos reconoce como "iguales".

   Hablo de una igualdad, ya casi muerta, que nos fue entregada a todos a través de la institucionalización del movimiento Ilustrado; esto es, la Democracia. De esta manera, por medio del más elevado acto altruista que el Hombre pueda llevar a cabo, la igualdad nos fue regalada por aquéllos que conocían su verdadero significado. Pero ocurre que regalar "igualdad" al que no la siente es colocar a éste, que no la supo valorar, en una posición favorable que le permite generar más desigualdad a través de sus acciones. O dicho de otra manera, tratar como un igual a aquél que no valora esta acción, que no se maravilla ante este hecho y que lo acepta sin más fin que el del beneficio propio, desembocará en acciones de desigualdad de éste hacia los que le son ajenos. Por esto, no bastará con buscar la igualdad para todos desde las instituciones. Habremos, antes, de enseñar su verdadero significado; su significado Universal, que está más allá de uno mismo.
Y enseñar el significado Universal de la palabra no es hacer que la gente memorice su definición, sino conseguir que la palabra les brote desde dentro.
Porque la igualdad ha de ser para todos, efectivamente, pero cada cual ha de hacerla crecer desde dentro de sí. Y éste es el esfuerzo, el deber, de cada siervo que quiera convertirse en ciudadano, de cada operario que aspire a ser jefe, de cada obrero que sueñe con ser empresario,... para, de esta manera, desterrar, definitivamente, del sabio refranero español, expresiones como: “nunca sirvas a quien sirvió” o “si quieres saber como es Juanillo, dale un cargillo”.

   Y así es como la igualdad “regalada” derivó en el Neoliberalismo que la terminó matando. Y así es, dicho sea de paso, como las políticas sociales nunca llegan a ser realmente efectivas. A causa de esta igualdad que es ofrecida, desinteresadamente, desde fuera, desde las instituciones, y que, en la mayoría de los casos, no es sentida desde dentro por quienes la reciben.

15 ene. 2010

"Las cosas no tienen significación, tienen existencia" -Pessoa-

   Vivimos en un Mundo objetivo externo colectivo de “cosas”, construido a base de significantes y significados; de palabras, en definitiva, que no sólo designan a los objetos -o las cosas- sino que, además, en cierto modo, los crean, confiriéndoles consistencia propia e independiente, por medio de una percepción contraída que genera la noción de sujeto independiente que percibe al objeto como entidad plenamente delimitada, coherente en, y por sí misma. Y sucede que el objeto percibido sólo tiene consistencia propia en base al sujeto perceptor que lo genera; en donde ambos, son el resultado de una percepción contraída llevada a cabo por la Conciencia aún dormida. Así, se puede decir que éstos (sujeto y objeto) son las dos polaridades complementarias de la percepción contraída. Allí donde hay percepción contraída, por tanto, hay un sujeto que percibe y un objeto percibido. De este modo, allí donde hay “objetos -o cosas-” hay, inevitablemente, un sujeto, o sujetos, que las perciben; o dicho de otra manera, allí en donde hay un sujeto, o varios, hay objetos percibidos. Y esta sencilla ecuación se da así por medio de una especie de error cognitivo o, más bien, de cognición limitada a la que los orientales llaman “maya”; que se origina como consecuencia, como decíamos, de una percepción contraída que se gesta en una Conciencia todavía no despierta.
Por todo esto, creo que decía Pessoa, en uno de sus poemas: “las cosas no tienen significación, tienen existencia”.
Por ello es tan importante el desarrollo cognitivo hacia afuera, del sujeto; su finalidad, la de generar percepciones más ajustadas de la realidad en sí; de nuestro Mundo, en definitiva. Porque, ni la escasa gama de colores que parecen percibir ciertas tribus aborígenes australianas -que es constatable por el hecho de que el vocabulario que usan para referirse a los diferentes colores es bastante pobre-, ni las más de veinte clases de nieve que perciben los esquimales -constatable por el mismo hecho-, ni la totalidad ni la variabilidad ni la calidad de los objetos interactuando causalmente que perciben nuestras ciencias empíricas, entre otras cosas, son totalmente ciertas.

   Vivimos, además, un Mundo subjetivo interno individual de "valores", mediante el que actuamos en ese otro Mundo objetivo externo a cada uno de nosotros -esto es, el Mundo de los objetos percibidos por nosotros como sujetos- Estos valores son percibidos hacia adentro, a diferencia de los objetos que son percibidos hacia afuera. Así, mientras que los valores se gestan por medio de la significación interna, los objetos lo hacen, como decíamos, por medio de la significación externa.
Los valores comunes tienden, además, a organizarse en comunidades de sujetos. O, dicho de otra manera, las diferentes ideologías culturales, políticas y religiosas, crean grupos sociales de sujetos que comparten valores comunes.
Existen, además, infinidad de valores de modo que, en la práctica, no todos los sujetos que comparten una misma comunidad de valores concretos -ej.; la comunidad católica-, comparten, por ello, la totalidad de sus valores individuales. Así, pese a que la función de las comunidades sociales (de valores) es la de crear una interactuación entre sujetos que sea ordenada, finalmente, cada sujeto, dentro de la misma comunidad, podrá tener opiniones diferentes frente a las mismas actuaciones enjuiciadas; debido a que el conjunto de valores en cada sujeto no coincide al cien por cien con los conjuntos de valores de los restantes sujetos con los que interactúa. Unos valores, dicho sea de paso, que, aunque lleguen a tener peso colectivo, de manera que unos sean más incentivados por las sociedades que otros, se han de desarrollar, no obstante, individualmente, desde dentro de cada sujeto. Unos valores que, en un escala de desarrollo universal, son cada vez más relacionales -menos opresivos-, más compasivos -menos intolerantes-,... más mundicéntricos -menos etnocéntricos-. Unos valores que son mejores o peores dentro de una escala de valores Universal. Unos valores que, además, dictan nuestro proceder, o la forma en que interactuamos con el resto de sujetos con los que nos comunicamos subjetivamente. Unos valores mediante los cuales terminamos enjuiciando las acciones ajenas y las propias, generando estados de estima y autoestima, así como de reprobación y autorreprobación, que derivan en una diversa gama de emociones o sentimientos hacia los demás y hacia nosotros mismos; estados emocionales, finalmente, que son más o menos positivos y más o menos negativos para el sujeto que los experimenta, pasivamente, por medio del enjuiciamiento activo de los hechos.
Por ello, es tan importante el desarrollo cognitivo hacia adentro, del sujeto; su finalidad, la de la obtención última de comunidades de sujetos que operen, masivamente, por medio de valores más relacionales, más compasivos, más mundicéntricos, en definitiva; en donde el intercambio intersubjetivo que estos valores masivos mundicéntricos generen, produzca estados subjetivos individuales de estima y de autoestima, así como estados intersubjetivos de reconocimiento mutuo que habrían de derivar, todos ellos, en una subjetividad colectiva o conciencia de grupo, de comunidad, de nación o, porque no, del globo entero, definitivamente equilibrada.

   Así, por el hecho de que no todos compartimos la totalidad de los valores que gestamos individualmente, y por el hecho de que estos distintos valores, gestados en cada individuo, son la consecuencia de los diferentes grados de desarrollo del sujeto -el cual crea el significado interno, o valor, en base a este personal grado de desarrollo-, tenemos, entonces, que en lo cotidiano vivimos un mundo intersubjetivo construido a base de “dimes y diretes”, en donde tan sólo en los estadios más desarrollados el sujeto es capaz de mantenerse al margen, o prácticamente al margen, de este enfrentamiento de opiniones o disparidad en las valoraciones, mediante el recto discernimiento -o Razón iluminativa- y por medio de la inteligencia emocional.

  En donde, ambos, el recto discernimiento y la inteligencia emocional, perfectamente integrados, mediante la perseverancia pertinente, llevarán al sujeto hasta el mismo borde del abismo, en donde le obligarán, por último, a dar un paso más hasta caer, caer y caer... para desplegarse, desplegarse y desplegarse desde el mismo centro del corazón hasta las más recónditas esquinas del Kosmos, dejando atrás a las propias comprensiones y hasta a la capacidad de entender, a las propias emociones y hasta a la capacidad de sentir, a los propios recuerdos y hasta a las propias palabras para que, en lo más alto, el conocedor finalmente se torne lo conocido, el amante y el amado se conviertan en el mismo y uno sólo, el Conocimiento sea el Amor y la totalidad del Universo infinito termine conociéndose a si mismo, sintiéndose a si mismo, experimentándose a si mismo como el Yo que somos desde antes de que nacieran nuestros padres, en un eterno orgasmo Cósmico con el que quedará a si mismo preñado de la potencialidad de todas las cosas; de todos los objetos que generan todos los sujetos; de la manifestación del Mundo, en definitiva, que ahora mismo estamos experimentando.

10 ene. 2010

Acerca del miedo y de cómo el Amor lo cura

Pienso que hay dos sentimientos fundamentales, básicos, en todo ser humano, de los cuales emanan, se derivan, todos los demás.
Las diferentes gamas de emociones-sentimientos, no son más que variaciones o el resultado de las diferentes formas de combinar estos dos sentimientos primordiales: el Amor y el miedo.
Si se desgrana cualquier emoción-sentimiento, se encuentra en su base esta variación o combinación de los anteriores.

Observemos, por ejemplo, los "celos"; ¿No son éstos sino miedo a perder a la persona que se ama? O la "envidia", ¿no es ésta sino el apego, el Amor-deseo, del ego hacia el objeto o cualidad que otro posee?, ¿no es la intención de la posesión, de la unión con el objeto o cualidad, y el ansia que genera el no poseerlo/a o no estar unido a ello/a? Y este ansia, ¿acaso no es una forma de miedo del ego a la pérdida del objeto o cualidad deseados?, ¿a la separación de ambos?
El desgrane puede ser más o menos complejo, dependiendo del sentimiento-emoción, pero, al final de éste, al reducirlo a su mínima expresión, no encontraremos más que variaciones de Amor o de miedo, o combinaciones de Amor-miedo.

Así que, no tengas nunca más miedo al "odio" injustificado. A ese odio, sin fundamento, que algunas personas muestran gratuitamente. Tampoco a su versión más ligera; la "manía" sin sentido, que otros puedan experimentar. Porque a partir de ahora puedes comprender que ese odio, esa manía, se han forjado con el miedo con el que el ego enfría los corazones.
Que el que odia o es maniático, realmente, está temiendo; y él no lo sabe. Ésta es tu baza contra la intolerancia que se gesta en el odio y en la manía.
Otras veces, detrás de ese odio-manía se encuentra, agazapada, la envidia, esperando el momento de saltar y dañar. Y cuando esto último sucede, es buena cosa ser algo compasivo y recordar que esa envidia, envuelta en odio o manía, se generó con una pizca de amor; amor hacia alguna cualidad y, en el peor de los casos, amor hacia alguna posesión. Amor, en definitiva, que no se supo expresar mejor.

Y allí donde haya Amor en estado puro, habrá siempre unificación;
y allí donde haya miedo, no habrá más que fragmentación.
Por esto, el Amor siempre nos une, mientras que el miedo nos separa.

El Amor, por tanto, nos lleva al Uno.
El miedo, al dos y más...
“Allí donde hay dos, hay miedo”, dicen las Upanishads.

Amor-miedo, Bien-Mal, Positivo-Negativo, Construcción-Destrucción; lo que nos une y lo que nos separa. El flujo de la Vida; sin esto no hay movimiento, no hay variación, no hay evolución hacia algo mejor.

Ahora comprendo porque el Amor es tan importante, mucho más allá del sentido egoísta que le otorgan la mayoría de las relaciones humanas; lo es, porque es la raíz del bien, de lo positivo, de lo que une, de lo que construye.

Ahora comprendo, pese a que yo no sea un hombre de fe, porque Jesús dijo: "Amaos, los unos a los otros". Ahora comprendo mucho más. Comprendo por qué Jesús expresó esta frase en esta forma y no, por ejemplo, en esta otra: "Amaos entre sí, los que consideréis que tenéis cosas en común".
Cuando Jesús dijo: "Amaos los unos a los otros", dijo mucho más. Dijo: "Amad la diferencia". Lo dijo en una frase casi desprovista de categorías. Las únicas categorías son "los unos" y "los otros", y el pegamento que une es el "Amor".
Con esta frase, Jesús quiso decir mucho más. ¡Cuánto contenido hay en ella para el que quiera ver! Con esta frase, Jesús dijo: ¡Lo que es "diferente", que no os dé miedo! Al contrario, ¡amadlo!
¿Es que no veis en este hecho la infinita misericordia de Dios?

Por eso, te digo, no es buen consejero aquél que recele del que es diferente a él; o a su grupo, o a su colectivo. Que el que recela de lo distinto, en verdad lo está temiendo y no Amando. Que el que teme no vive realmente; sólo vive el que Ama.
Tampoco es conveniente dejarse guiar por el que intente sembrar en tu corazón la semilla del miedo, con palabras cómo: “Ten cuidado con...” “No te fíes de...”. Pues aquél que teme, busca que otros también lo hagan para no estar solos con su miedo. Y, si no teme, seguro es que lo que persigue es adueñarse de tu autocontrol para convertirlo en su control sobre ti.

No me cabe duda de que el mayor acto de Amor, es el acto de aprender a Amar la diferencia.
Sólo cuando todos y cada uno lo llevemos a cabo, empezaremos a ser verdaderamente iguales. He aquí, entonces, una verdad, "para alcanzar la igualdad, habremos de aceptar la diferencia". Y esta aceptación, ¿qué no es, sino que el más puro acto de Amor? Gran verdad que me sabe a verdad absoluta. No a mi verdad, ni a tu verdad, ni a la de ese grupo o a la de aquella nación. Me huele a la verdad de todos, porque está echa de esa contradicción aparente que envuelve a toda certeza.

Dos frases daría yo a cada ser humano. Dos frases pondría en su bolsillo para que estuvieran continuamente a mano. Dos frases de las que arrancar su profundo sentido. Que el que estas dos frases comprende, se convierte en un maestro de la vida.
La primera, la anterior: "Para alcanzar la igualdad, habremos de aceptar la diferencia". Que en la integración de ambas está la verdadera Unidad del Hombre.
La segunda, la que nos expresó Jesús: “Amaos los unos a los otros”. Algo inevitablemente necesario para aceptar la diferencia que nos lleve hacia la verdadera igualdad.
Dos frases con las que alcanzar el Reino que no está “más allá”, sino aquí y ahora. Tan inmediatamente aquí, tan vividamente ahora, que no nos damos ni cuenta.

Y el que no Ame, será mejor que no actúe. Que el que no tiene capacidad para Amar, sólo la tiene para dañar. Y aquél que daña, es aquél que teme. Y el que teme, no VIVE.

7 ene. 2010

La mística en los movimientos de izquierdas o la fuerza de la mayoría económicamente débil (Carta a un titiritero 2)

Ciertamente, fue un verdadero reto para el intelecto el leerle a usted. Un intelecto, dicho sea de paso, del que, cada vez más, desconfío desde el momento en que me percaté de que la falacia fundamental de éste (intelecto usado) es confundir las “representaciones del Mundo” que mediante él nos hacemos, con “el Mundo en sí”; como si la palabra perro ladrara -haciendo referencia a la expresión que usted mismo usa- Que como dijo el semántico A. Korzybski “el mapa no es el territorio que representa” y como dijo el físico e historiador de la Ciencia Thomas Kuhn “el paradigma científico se suele confundir con un cuadro fiel de la Realidad, en lugar de acogerlo como plano útil, aproximación ajustada y modelo para la organización de la información conocida. Esta confusión del mapa con el territorio es típica de la historia de la Ciencia y, según muchos, de la historia de la Humanidad”. Usted también -he creído entender- parece haberse percatado -como tantos otros- de esto. Lo he creído así por su empleo de expresiones como la verdad escurridiza y la falacia narrativa y por la frase, con la que termina su exposición, “no confundamos el mundo con la imagen que hemos hecho de él”. Sin embargo, me queda claro que no me expresé todo lo bien que se pudiera en mi anterior intervención, pues no conseguí hacerle ver en ella que, precisamente, no me mueve “una imagen hecha del Mundo”, sino todo lo contrario; y que, como a Thomas Kuhn, hasta los mismos modelos científicos que tratan de explicarnos el Mundo me parecen meras representaciones; ajustadas, pero representaciones, al fin y al cabo. Como el cuadro que representa un paisaje, pero que no es el paisaje en sí.

Pese a que, finalmente, nos hemos alejado de la cuestión original y pese a que estamos condenados, me temo, a nunca encontrarnos intelectualmente hablando, por movernos en ámbitos del Conocimiento distintos, me siento motivado a replicar a su elaborada crítica hecha a mi noción de “Hombre”. Usted dice, acertadamente, que la palabra “Hombre”, si es nacida en el intelecto como una categoría, no es más que un “objeto virtual” divorciado de la Realidad sensible -la que nos ofrecen los sentidos- El Hombre al que me refiero, en cambio, no es un objeto virtual de la mente, sino una experiencia viva de los sentidos. Trataré de explicar porqué... Continúa usted diciendo, desde la perspectiva puramente lógica, que incluso dos clones humanos son distintos por ocupar, al menos, espacios distintos. Ocuparán, además, tiempos distintos si uno de ellos muere -porque éste no ocupará tiempo alguno- o cuando uno de ellos se mueva a una velocidad próxima a la de la Luz; de acuerdo con Einstein y si famosa Teoría ; ) Por esto, todos los hombres serán diferentes (pero, además... ¿distintos?). Se acerca un poco más a mi idea de Hombre defendida, cuando sugiere a este “Hombre” como “una especie de mínimo común divisor”, como una especie de “esencia” que existe en cada uno de los hombres individuales-reales. Añade, que este Hombre reducido a la mínima expresión desemboca en un Ser vivo... muy bien... por ahí van los tiros... Y, desde esta premisa, la del Hombre como mero Ser vivo, concluye que lo que caracteriza, en última instancia, a un Ser vivo es, “nada más y nada menos que la voluntad de Poder; o una expresión minimazada de éste: el instinto de supervivencia”. Creo, sin embargo, que la “voluntad de poder” y el “instinto de supervivencia” son dos movimientos diferentes. El primero, puramente noético; el segundo, puramente biológico. El animal no busca el poder (por el poder), sino, exclusivamente, el cubrir sus necesidades biológicas de alimento y reproducción. Y, para esto, obviamente, tiene que procurárselas para mantenerse vivo. Pretender que la fuerza usada para alimentarse y procrear, sea una invocación de poder, me parece que es no definir muy bien lo que es “el poder”. El animal sólo necesita satisfacer sus necesidades biológicas, el hombre, como el ser-pensante que es, necesita, además, cubrir sus necesidades “ideológicas”, que ya no son gestadas en su cuerpo, sino en su mente. Y es en la génesis de estas necesidades ideológicas en donde se origina la idea de poder, como el querer el control más allá de lo que el cuerpo necesita hacia lo que, además, la mente se imagina y quiere. Hablo de una necesidad de poder creada por la demanda de la imaginación; un poder que, dicho sea de paso, no está en su corazón -en su esencia-, sino en su ego, gestado posteriormente. Fenómenos psíquicos como el deseo de poder, como la preocupación que deriva en la ansiedad,... son atributos propios del ser-pesante, del hombre con minúscula, no del animal. Una leona, cuando mata a una gacela usando su fuerza y se la come no piensa “me siento poderosa!”. Tan sólo siente que aplaca su hambre. Un león, cuando cubre a una leona, tras haber derrotado a otro león, al que jamás mata, no piensa “me siento poderoso!”; tampoco piensa “qué polvo he hechao!”. Tan sólo aplaca su energía sexual. Del mismo modo, la gacela en medio de la sabana no sufre de estrés por pensar que los leones comparten su mismo espacio físico, y esto es porque no se pre-ocupa del león cuando no está, sino que se ocupa de él cuando está. Las gacelas no tienen la capacidad cognitiva de pensar en el futuro o en el pasado ni de pensarse a sí mismas, por tanto, no pueden pre-ocuparse por lo que vendrá ni frustrarse por lo que son. Esto las convierte, en cierto modo, en una especie de “felices ignorantes”.

Créame, el “estado natural” de todo Hombre, de todo ser vivo -una vez tiene cubiertas sus necesidades biológicas- es la Serenidad y, en tanto que esto, la Felicidad. Y la verdadera Vida empieza aquí, en esta “Felicidad innata” que precisamente empieza a deshacerse cuando empezamos a “pensar”, a “desear con el pensamiento cosas que no están o no son realmente aquí y ahora” y a “reflexionar el porqué de que no estén”. La Verdadera Felicidad -que es “sencilla”- es ya en sí misma, no mediante la consecución de algo. La otra, la de la obtención final -en el futuro pensado- de algo que no está ahora aquí, es tan sólo un sucedáneo de esta primera e innata que hemos ahogado con nuestros pensamientos -como asfalto echado en tierra fértil, decía en mi intervención anterior- Por tanto, como digo, el Hombre empieza a ser infeliz cuando empieza a “pensar” y, por medio de este pensamiento, a “pre-ocuparse” y a “desear”. El Hombre se vuelve malo (sin tan siquiera darse cuenta) y destruye más de lo estrictamente natural, cuando se crea miedos y necesidades por medio de la imaginación y del intelecto. Nuestras mentes débiles, por otro lado, son fácilmente envenenadas con los mensajes subliminares de miedo de los políticos, que piden nuestra libertad a cambio de seguridad, y con los mensajes del libre mercado que invitan al consumo, que inyectan el deseo en nuestras almas. Nuestra mente, no obstante, es un maravilloso instrumento que nos ofrece lo mejor y lo peor. Lo mejor, se obtiene cuando esta mente madura lo suficiente como para no permitirnos ser manipulados, para, más tarde, poder retomar esa Felicidad innata, propia de los animales, pero esta vez de forma “consciente”; no ignorante, como ellos. Hablo de una felicidad “consciente” sencilla e innata elaborada desde el pleno “yo soy”, anterior a pensamiento alguno. Un “yo soy” que, dicho sea de paso, es el mismo para todo Hombre. Este sentimiento de “yo soy” básico es una réplica exacta en cada Hombre y Mujer. Así, el “soy, luego existo” nos muestra como esencialmente iguales, mientras que el famoso “pienso, luego existo” -de Descartes- nos convierte en seres-pensantes diferentes, pues todos pensamos distintos pensamientos. Y este sentimiento de “yo soy”, anterior al pensamiento de “yo pienso”, es el que nos permite, finalmente, retornar de forma plenamente consciente a esa “Felicidad innata”, y a esa “esencia” igual de todo Hombre, no como mera elucubración mental -como usted sugiere- sino como pura experiencia sensible inmersa en una Conciencia no-nacida. Hablo de una “esencia”, que es “felicidad innata”, que está enterrada entre tanta basura mental que vertemos a lo largo de cada día que pasa de nuestra maravillosa Vida. Desterremos, todos los Hombres, todos esos residuos mentales de los que hablo, y que nos crean tantos miedos y necesidades, y todas las preguntas que usted me plantea ya no tendrán sentido... Y, como esto no sucederá -al menos no en mucho tiempo-, sólo me resta ser un mero espectador del Universo fluyendo en un equilibrio esquisito, que no alcanza a entender raciocinio alguno. En el que, aunque este Mundo nuestro explote mañana mismo con diez bombas atómicas, Él seguirá fluyendo en un perfecto equilibrio en el que nosotros habremos sido nada más que un grano en el culo de Dios.

Sintiendo que me he alejado un poco del hilo argumentativo elaborado entorno a su crítica, continúo observando que usted dice que “el error fundamental de Platón fue su Teoría de las Ideas”. Que “influido por Sócrates inventó un ultramundo de formas perfectas (Ideas), y un mundo real de malas copias”

En realidad, opino que la “idea de Hombre” como “mínimo común divisor” que defiendo, como “esencia”, como Ser vivo no-pensante (o anterior al pensamiento) pero plenamente consciente, equilibrado y feliz por naturaleza, y que es contraria al Ser vivo natural despiadado que usted se ha figurado, está en relación íntima -de hecho son lo mismo- con la Idea de Hombre que se deriva de la Teoría de las Ideas Platónica . Es decir, mi Hombre como mínimo común divisor, o esencia del Hombre, y la Idea de Hombre de Platón, son el mismo Hombre. Y ese Hombre, ni está divorciado de la Realidad, como una mera Idea que genera un objeto virtual -como usted sugiere en su primera crítica-, ni en su estado natural (interno, de esencialmente ser) es un ser despiadado -como sugiere en su segunda crítica-.

A mí me parece, como he expresado, que este Hombre Platónico (como Idea) no está en alguna especie de “otra dimensión imaginada”, y que el principal error de “el pensador” de Occidente fue “pensar” precisamente esto; que la Teoría de la Ideas Platónica era una mera “figuración mental”. Algo de la misma naturaleza -exclusivamente mítica-imaginativa- que un Unicornio o, en el mejor de los casos, algo de la misma naturaleza -exclusivamente racional-especulativa- que una ecuación. Bien es cierto, que Hombres como Platón fueron los “primeros pensadores en términos racionales”; sin embargo, opino que su capacidad de “raciocinio”, de “abstracción puramente mental especulativa” -como habilidad cognitiva que se afianzaría, más tarde, de forma generalizada- no es el origen de su famosa Teoría de las Ideas. Es decir, ésta no nació como una mera abstracción -racional, en la mejor de sus interpretaciones-, sino que, más bien, él usó la Razón, que empezaba a emerger como instrumento, para “representarnos” al resto de mortales el estado cognitivo presente en el “simplemente Ser”; en el “soy, luego existo” anterior al “pienso, luego existo”, en donde todos los Hombres se igualan a cada uno y en donde aparece la “esencia” de las cosas como Ideas puras, sencillas y perfectas. Un estado cognitivo al que él había aprendido a acceder, probablemente, por medio de su Maestro Sócrates. Cuenta Bertrand Russell, en su libro Historia de la Filosofía, que éste (Sócrates) se quedaba horas inmóvil, y estoy casi convencido de que “sin pensar”, como en las prácticas orientales de meditación. De ahí su famosa frase: “sólo sé que no sé nada”. No porque no fuera un hombre culto, o dejara de serlo. Sino porque, en esos largos períodos de inmovilidad sin pensamiento, el ser “consciente” que no deja de “ser” en ningún momento, es un “ser” sin “saber”, sin “pensar” -pues se sabe por medio del pensamiento-. Por tanto, nuevamente, Sócrates supo que antes de “existir porque pensaba”, él ya “existía porque, simplemente, era”-y en este mero ser/existir, nada más sabía-. Hecho, éste, dicho sea de paso, que sólo puede ser conocido mediante nuestro cerebro desarrollado. La mayoría de animales no saben que “son”, por tanto, ni siquiera saben que existen -lo demuestra el hecho de que muy pocos mamíferos tiene la capacidad de reconocerse en un espejo-.

Así, en este yacer en el Ser no-pensante, en este estado cognitivo, que Sócrates expresó hace dos mil y muchos años mediante la frase “sólo sé que no sé nada”, todo Hombre se percibe como “esencialmente” igual a otro Hombre. No sabe nada más. Sólo percibe al Hombre, como la mínima expresión cognitiva que nos representa en nuestro cerebro “una realidad inmediata que no es previamente interpretada por información aprendida alguna”. Ésta es la Verdad primera -como mirar a los verdaderos objetos del interior de la caverna iluminados por el fuego, en lugar de a sus sombras-. Aquí, la mente es como un espejo que no retiene nada, todo lo refleja (no crea conceptos estáticos). Aquí, en lo que se ve no se proyecta la idea sólida que se ha gestado sobre lo visto, no creando, así, un “objeto externo”, como una copia de “lo pensado”. No creando, por medio de la proyección de “la idea” sobre “lo visto”, el verdadero “objeto virtual”, que es el que tomamos como “real” -permaneciendo, así, en el interior de la caverna mirando tan sólo a las sombras de los objetos, que tomamos como reales-. Y, de esta manera, por medio de este estado de no-saber, de no crear conceptos que se proyectan sobre el Mundo creando los objetos, es como se perciben las formas perfectas del Universo sensible -el que recibimos a través de los sentidos-. Formas perfectas, la del Hombre, la del Árbol, la de la Hoja que cae de él... y estas formas perfectas, que son las Ideas básicas que pueden ser pensadas acerca de lo visto, son, considero, el fundamento de la Teoría de las Ideas Platónica; son sus Ideas Puras. Así, desde este nuevo enfoque dado, las Ideas Perfectas no serían una invención o una abstracción del intelecto divorciado de la realidad sensible -de los sentidos-, que se hallarían en alguna especie de ultramundo sustraído de la mente, como en otra dimensión inventada. Las Ideas Perfectas de Platón, en general, y la Idea de Hombre, en particular, como esencia de todos los hombres, como el Hombre en cada uno, no serían, como los “pensadores” occidentales creen, una mera elucubración mental de un noble griego que se aburría por no tener nada que hacer, ni, en el mejor de los casos, como les gusta pensar a la mayoría de los físicos y matemáticos, tampoco serían una pura abstracción racional, eternamente viva en las Leyes del Universo. Poco tienen en común la Idea de Árbol y la ecuación V=S/t, por ser la primera, información de naturaleza meramente sensible (o de los sentidos) y la segunda, información puramente mental e intelectual (no podemos ver la ecuación, ni tocarla, ni olerla...). Así, estas Ideas -importante hacer notar esto-, antes que el producto de una mera elucubración o de un discernimiento mental abstracto, son “la mínima expresión cognitiva que el Hombre puede llevar a cabo”, en donde el objeto no se nos aparece en el intelecto por como se le designa (meras copias imperfectas o sombras en la caverna), sino que se nos aparece en la conciencia por lo que, sencillamente, es -mediante la aprehensión sensorial directa, anterior a pensamiento alguno, anterior a designación alguna; en una inmediatez en donde "no hay una palabra que represente a la cosa (la Idea en sí)"-. Porque, efectivamente -como sugirió Aristóteles-, “la palabra perro no ladra”, o, para ser más concretos, su "significado, no ladra". La palabra perro aprendida nos impide ver al “perro en sí”; a su Idea básica y perfecta, que se adivina cuando no hay intermediación entre "el que ve" y "lo visto". Aquélla a la que se refiere Platón y que no se halla en alguna especie de más allá, como digo, sino en la inmediatez del aquí y justo en este momento. Y es en esta pura cognición, elaborada en el yacer en el Ser no-pensante, que es un ser cognitivamente desenfocado y atento, que es una Conciencia no-nacida, en donde se gestan las Ideas Platónicas (básicas y perfectas, no abstractas y perfectas) en donde yo veo a los hombres esencialmente iguales al vaciar mi mente de cosas aprendidas y meramente representacionales, que adoptan la forma de conceptos relacionados con teoría genética, diversidad cultural, ideologías políticas... (el mapa no es el territorio que representa).
Y en donde, finalmente, en una última vuelta de tuerca, por medio del súbito fogonazo iluminativo que pone de rodillas al más arraigado de los escépticos, paradógicamente, ya no hay ni aprehensión directa (ni no directa), ni Ser no-pensante (ni ser pensante), ni Conciencia no-nacida (ni conciencia nacida), ni Hombres esencialmente iguales (ni hombres diferentes); en donde se nos termina revelando "la Belleza, la Bondad y la Verdad Platónicas" del Mundo como Brahman (dirían los hindúes), como un conjunto indiviso acerca de lo que nada puede ser dicho y en donde un silencio atronador lo dice todo.

Y es de esta experiencia (del yacer en el Ser ni pensante ni no-pensante), de donde bebieron los Místicos de nuestro pasado y los Sabios del pasado de Oriente. El no-daño, el respeto a la diversidad gloriosa del Mundo como las múltiples expresiones del Hombre, en definitiva, la Compasión que mueve al “pleno encuentro con el otro en la desnudez sencilla del simplemente Ser”, se gestó aquí, en este estado de simplemente Ser, de esencialmente Ser; en donde se re-conoce la esencia Igual del Hombre a la que hice referencia, y que es anterior a cualquier Cultura dada. Y esta Compasión, con sus múltiples expresiones, brotó como reacción al “daño porque sí” gestado en una mente no-natural o distorsionada que pensó mucho y mal o, en el mejor de los casos, como reacción al daño gestado en la defensa de “ideologías” que nos crean unas “imágenes del Mundo” que no son el Mundo en sí; todas estas imágenes, formas de etnocentrismo que tienen su raíz en el egocentrismo de cada mente -individual- pensante que, dicho sea de paso, hace creer al que la usa que simplemente existe porque piensa... Pienso, luego existo... jejej... Aquí, en el yacer en el Ser no-pensante, uno se percata, como dije, de que no “existe porque piensa”, sino que, antes de esto, “existe porque, simplemente, es”. Así, antes que el “pienso, luego existo” es el “soy, luego existo”. Antes de un ego que piensa hay un Ser que “es”. Un Ser que, paradógicamente, deviene “consciente”, no sólo tras aparecer el pensamiento, sino además, tras agotarse las posibilidades de este pensamiento. O, dicho de otra manera, el Ser se hace “consciente” (se re-conoce a sí mismo) cuando las limitaciones del pensamiento se muestran en el intelecto o, de otra forma expresado, cuando este intelecto (usado) “se da cuenta” de sus propias limitaciones inherentes a él mismo.

Hablo de un “Ser sido a sí mismo” que ve en la inmediatez del momento presente la infinidad de formas “perfectas” de la Naturaleza, como las Ideas Perfectas de Platón, que no están divorciadas del Mundo, sino que son el Mundo “en sí” (desnudo de representación mental alguna); y en donde Él Mismo -el Ser- y “lo visto” son, simultáneamente, lo Verdadero, lo Bello y lo Bueno (de Platón). Así, concluyo que el Hombre es bueno en su naturaleza más intima (naturaleza interior), y la Idea de éste Hombre no está en el más allá, sino que es tan inmediatamente aquí, tan profundamente adentro, de forma tan obvia, que usted no se da ni cuenta.

Esta es, finalmente, mi exposición, no he sabido expresarlo mejor, sólo sé percibirlo. Realmente, los que iniciamos el camino de Sócrates, de Platón, de los Místicos de Occidente y los Sabios de Oriente, no sabemos expresarlo, sólo percibirlo; porque, en última instancia, nos damos cuenta de que la palabra no es nunca la cosa que representa. Efectivamente, nuevamente, “la palabra perro no ladra”; en esto, Arístóteles tenía razón pero, por todo lo anterior, creo que Sócrates y Platón ya lo sabían antes que él.

Y de esta “experiencia viva” que vagamente he conseguido expresar, creí entender que se derivó toda una teoría política que se trató de proyectar en las organizaciones sociales, mediante los movimientos de izquierdas. No en vano, Jesucristo y Buda, como Sabios de este movimiento, y no como Dioses en la tierra, son los primeros que trataron de verter este Conocimiento en un sistema de organización social. Algunos dicen que fueron los primeros hombres de izquierdas. Pero puedo haberme equivocado, y, como usted dice, estos movimientos de izquierdas pudieron, posteriormente, tan sólo haber surgido de la simple traslación del poder desde la minoría (económicamente) fuerte a la mayoría (económicamente) débil. La unión hace la fuerza, dicen. Entonces, éste sería un simple cambio social por fuerza sin nada, o con bien poco, de cambio de Conciencia.

Siento, no obstante, no haber economizado más. Por otro lado, no tiene mucho sentido que nos continuemos rebatiendo; esta argumentación y contraargumentación podría hacerse interminable pues, como he sugerido al principio, hablamos desde experiencias de la Vida diametralmente opuestas. Usted, lo hace desde el más puro intelecto y yo desde la experiencia de la casi ausencia de éste -si bien, más tarde, me valgo de él, como herramienta, para expresar dicha experiencia del Ser no-pensante-. Usted, con su verdad en su plano de investigación, y yo, con mi verdad en el mío, estamos predestinados a no encontrarnos nunca; como el Teólogo y el Científico hablando del Cielo y la tierra irreconciliables.

Socialismo sentido, socialismo real (Carta a un titiritero 1)

Tras su exposición, en la que se refirió a los fines eminentemente prácticos del socialismo, como movimiento obrero, me quedó claro que el socialismo real es bastante menos intenso que aquél que siento.

Sin embargo, me gustaría ahondar en una cuestión. Aclarar mi postura al respecto. Usted añade que todos los movimientos políticos que mencionamos -conservadores, liberales y socialistas- "nacen desde lo más hondo". Desde mi visión, sólo los movimientos de izquierdas se gestan en lo más hondo del Ser; como una intuición de la "esencia" del Hombre. Si bien, cuando la "intuición" se vierte, finalmente, en "ideología", y ésta se desliga de su fuente primera, que es la intuición trascendente, se corre, entonces, el riesgo de cometer verdaderas atrocidades e injusticias en pro de esta "ideología". A la Historia me remito. Todas las "visiones" políticas nacen, sin duda, de un movimiento "interior" "ideológico", que trata de organizar a la sociedad. Pero el socialismo lo hace, además, desde la esencia misma del Hombre, como sentimiento, que, finalmente, tomará forma mediante el desarrollo de éste en un tipo de filosofía de vida que aspirará a organizar la sociedad.; la dogmatización de dicho pensamiento derivará en peligrosa "ideología", sin duda. El estanilismo-lenilismo es evidente prueba de ello.
Y siento que sólo el socialismo (y movimientos similares) nace desde una profundidad que no llegan a alcanzar ni conservadores ni liberales, porque entiendo que "el movimiento de plena apertura hacia el otro", "hacia el pleno encuentro con el otro en igualdad de condiciones" -como el fundamento del sentir socialista- sólo puede ser llevado a cabo mediante el sentimiento más hondo -primero y básico- que existe en el Hombre; el de la Igualdad (como manifestación de la Bondad). Y esta "igualdad sentida" es un sentimiento que es, simultáneamente, hondo, primero y elemental, porque ésta (igualdad) es lo único que queda en el Hombre cuando él mismo se desprende de todo lo demás; esto es, de toda idea, pensamiento o representación mental o intelectual que mediante "la opinión" nos "divide". Antes que cualquier "idea fragmentaria aprendida", que se nos aparezca en el intelecto y que cataloga al Hombre en "clases de hombres", sólo existe el Hombre "esencialmente" igual a otro Hombre. Y esta experiencia viva de re-conocimiento y preeminencia de la esencia igual de todo Hombre, esta cognición en forma de "igualdad indescriptible", es el sentimiento más hondo y el pilar de la ideología socialista; ésta es su raíz -la mayoría no se da cuenta-. Por esto, el Socialismo nace desde lo más hondo; pues se gesta en este sentimiento no-creado de Igualdad tremendamente vivo y experencial sobre el que, más tarde, se construye (se crea) cualquier "interpretación fragmentaria" o "visión del mundo" que nos impide ver esta igualdad anterior.
Por otro lado, el sentimiento de "sentirse élite moral" de los conservadores, así como "el sentimiento de individualismo extremo o egocentrismo radical" de los liberales, son sentimientos, ambos, que nacen de pensamientos predominantes que vienen a tomar la forma de "yo me siento distinto al resto y, por esto, especial". Estos sentimientos, por nacer de un pensamiento previo son, por tanto, sentimientos posteriores a éste primero e "innato" o no-creado -el de Igualdad-, que es anterior a pensamiento alguno; en el que "todos los hombres son el mismo Hombre" por medio de una igualdad que es sentida y no-pensada. Tan sólo "la diferencia" primero se piensa y luego se siente. "La igualdad" -la esencia igual de todo Hombre- primero se siente, como una emoción, y luego se piensa o se conceptualiza. Sólo evocar el amor a unos padres, a unos hijos, a una pareja, a unos amigos,... para darse cuenta de que este sentimiento que nos "iguala" humildemente a ellos mediante la unión afectiva, es anterior a cualquier pensamiento. Por otro lado, por ejemplo, no somos "esencialmente" distinto a los Musulmanes, tan sólo nuestra cultura "aprendida y no-innata" nos piensa distintos a ellos del mismo modo que su cultura "aprendida y no-innata" hace que ellos nos piensen distintos a nosotros.
Las ideologías que no ahondan en este principio esencial del Hombre -el de la Igualdad sentida cuando la mente calla- son, por tanto, productos posteriores, que no nacen de esta experiencia básica y primera del sentimiento de Igualdad, sino que son previamente pensados (como, "yo soy distinto") para más tarde, ahora sí, ser sentidos (como, "yo soy -de alguna manera- mejor que el otro"; donde yo y el otro son generados por medio de esta "distinción"). Así, estas ideologías se "construyen" encima de este primero e innato sentimiento (de Igualdad), que no es pensado; ahogándolo. Como una capa de asfalto echada sobre tierra fértil.
Por ello, en última instancia, uno se siente élite moral (o de cualquier otro tipo) o tremendamente egocéntrico mediante un pensamiento que genera en el cerebro dicha imagen de uno mismo como alguien distinto y mejor; imagen que es posterior al estado anterior a cualquier pensamiento, en el que uno se siente simple y verdaderamente, Hombre ("esencialmente" igual a otro Hombre) o "el Hombre -como el ser consciente de sí- que hay en cada uno/a".
Por todo esto, este "sentir la Igualdad" es, como digo, lo más hondo, primero e innato gestado en todo Hombre que se atreva a desnudarse de todo lo restante -pensado/aprendido/interpretado/construido, en definitiva, mentalmente-

Sé que mi exposición puede resultar algo compleja, pero basta con liberarse de tanto ruido mental, de tanta especulación, en muchas ocasiones vana, basta con levantar el asfalto, que son los pensamientos, de la tierra fértil, que es la Conciencia, para re-conocer esto de lo que hablo. Y, una vez se ha re-conocido esto, por simple experiencia o por pura intuición, como lo que realmente somos, "Hombres y Mujeres esencialmente iguales", queda elaborar una teoría al respecto, primeramente de naturaleza filosófica, sin duda, pero que, más tarde, habrá de ser reelaborada en una teoría política cuya misión será la de ofrecer a los seres sociales que somos un modelo de organización social que refleje la idea (filosófica) que trata de expresar la esencia igual del Hombre (re-conocida, previamente).

Cabe, no obstante, la posibilidad de que mientras para mí esta argumentación en favor de lo que es más hondo y lo que no lo es, es toda una "experiencia viva" -reproducible por todo aquel que esté dispuesto a seguir las instrucciones adecuadas-, para usted, en el mejor de los casos, puede que no sea más que una mera especulación filosófica.

6 ene. 2010

Buscando al verdadero Yo

Tengo la impresión de que la Conciencia es el marco adimensional en donde la mente actúa, ya sea en el estado de vigilia -a través del pensamiento- o mientras dormimos -a través de los sueños-. La Conciencia sostiene, de alguna manera, los pensamientos y las ensoñaciones.
En ambos casos, parece que haya una autonomía de la mente más allá de nosotros mismos ya que, para el caso del pensamiento, y cuando éste se desarrolla de forma espontánea o inconsciente, estos pensamientos fluyen por sí solos en la Conciencia. Lo mismo sucede con los sueños mientras dormimos. Éstos aparecen, espontáneamente, en la Conciencia sin que ningún “algo” que se asemeje a un yo haga nada para que estos sueños sucedan.
Aunque, bien es cierto que en el estado de vigilia, durante el pensamiento, yo puedo decidir, en un momento dado, pensar en un pastel, por ejemplo; mientras que en ningún momento puedo decidir que soñar cuando duermo. Pero... ¿quién es el que decide pensar en un pastel? O, ¿quién es el que no puede decidir que soñar?... ¿Yo?
¿Y quién soy yo más allá de mis pensamientos? ¿Quién es el que los piensa? ¿Quién o qué, dentro de mi organismo, piensa o recuerda? Y, ¿dónde está ese yo mío cuando yo no evoco a los pensamientos, sino que son ellos los que vienen espontáneamente? ¿Dónde estoy yo cuando mi mente elabora todos esos sueños mientras duermo? Parece, por todo lo anterior, que no soy mis pensamientos y sueños porque soy el que los piensa y sueña. Y parece, también, que no soy el organismo en el que me encuentro porque antes me he referido, inconscientemente, a él como algo de mi propiedad; mi organismo, mi cuerpo. De alguna manera, siento que tengo un cuerpo, no que sea un cuerpo.

Así pues, ¿quién es ese "yo" que posee a mi organismo en el que se encuentra y que piensa y sueña? Intuyo que está ahí, pero no lo reconozco. Soy un "yo" que no se encuentra y que sólo reconoce sus productos: Cuerpo y mente.
¿Dónde estoy? Soy consciente de mí pero no me percibo. Me busco con la mente y sólo encuentro vacío. Y, sin embargo, existo porque estoy escribiendo estas letras.
Toda esta reflexión me paraliza...

Intuyo que ese "yo" que piensa y sueña, y que se busca a sí mismo, es el "verdadero yo" al que se refieren los Místicos Occidentales y los Sabios Orientales; ya que este "yo" que se siente a sí mismo, y como tal se busca, realiza esta acción siempre en el momento presente. En el aquí y ahora en el que, según ellos, reside. En contraposición con nuestro "falso yo", que no es más que la acumulación de experiencias pasadas. Experiencias del pasado que se han ido solapando, unas a otras, creando un conjunto indiviso de información. Este "falso yo" de información acumulada reside, por tanto, en el pasado. Y si reside en el pasado, debe de hacerlo en nuestra mente que es la que recuerda.

Convendría, también, no dejar pasar por alto otro factor que, si bien no crea a nuestro "falso yo" de forma directa a través de la experiencia, sí que, en cambio, lo perfila. Éste son los valores aprendidos, de carácter religioso y/o social, que interpretan nuestras experiencias.
Este factor es muy importante, ya que la experiencia no es buena o mala en sí misma. La pura y simple experiencia está descarnada, carente de significado. Es la interpretación de la misma, a través de la Cultura aprendida, la que le da forma, valor y, por tanto, "significado".

Por todo lo anterior, éste es nuestro "falso yo" o "yo mental": La acumulación de experiencias de nuestro organismo y nuestra mente que son recordadas e interpretadas a través de esta mente.
El "yo mental", pasado, que se recuerda en nuestra mente, no es más que un subproducto de nuestro "verdadero yo" perdido; al cual, cuando nuestra mente lo busca, siempre lo hace en el aquí y ahora que, según las tradiciones orientales, es en donde se encuentra.
Estoy aquí y ahora porque me siento y recuerdo mis acciones pasadas, llevadas a cabo a través de mi cuerpo-mente. Acciones que, al ser interpretadas desde las reglas sociales/morales, adquieren un significado que generan una emoción-sentimiento.
De modo que soy el que recuerda y, ahora, también el que siente; pero sigo sin percibirme... Al buscarme, este vacío nihilista se instala de nuevo en mi corazón.
Sé que estoy ahí/aquí, pero no me encuentro. Sé que la idea que tuve de mí mismo era falsa; y ahora sé que no sé quién soy.

Pensamos que somos una acumulación de experiencias interpretadas del momento pasado, pero no somos eso. Somos el qué realiza todas y cada una de esas experiencias y el qué las interpreta; siempre en el momento presente. ¿Lo puedo ver en el instante en que realizo la acción? El caso es que no, sólo observo sus huellas. Los rastros pasados en forma de recuerdos que se acumulan en mi mente y que, inocentemente, me creo que soy. Pero ése, esos recuerdos, no es el qué hace. Ése, son los recuerdos de lo hecho; y al identificar nuestra sensación de identidad con lo hecho, con los recuerdos de lo hecho, creamos un "yo mental" o "falso yo" que no se alimenta del presente, sino del tiempo pasado.

5 ene. 2010

Esa puta incansable

Mi mente; esa puta incansable que me seduce o que me hiere con ideas vanas de mi mismo y de los demás, que me muestra lo subjetivo como real y se hace fuerte en sus juicios, que agarra mi alegría y rechaza mi dolor, que hace suyos los alagos y termina creyéndose los desprecios, que me convence con la vía fácil al delegar mis responsabilidades, al eximirme de las consecuencias de mis actos más egoístas... que califica todo lo que toca. Mi mente infantil, hedonista, narcisista, caprichosa, embustera, prejuiciosa, dogmática, que me llena el seso de tanta basura mental; la (mente) de todos nosotros.

En definitiva, esa pobre porción de mí mismo con la que me termino identificando plenamente y que me hace tan pobre de Espíritu. Que se agarra a mi cabeza con mil extremidades reivindicando su reinado de treinta y muchos años.

Algún día seré Yo el que mande y no ella.

¡Qué extraño es vivir!

¡Qué extraño es vivir!
A veces, el momento más feliz en la vida de una persona se alimenta del momento más amargo en la vida de otra...
¡Qué extraño es vivir!
A veces, el amor de aquél que lo entregó a quien amaba está tan vivo como el amor de quien lo entrego al mismo aquél, que no le amaba...
¡Qué extraño es amar!

Que así sea

Este dolor a causa del amor con el que aboné una tierra que era estéril; este estado de desamor que experimento ahora mismo; esta resignación que me lleva a asimilar que la persona amada ya no estará más junto a mí por tener otras aspiraciones... me arrojan todos ellos a una soledad e incongrencia existenciales que se extienden hacia la totalidad del Cosmos.

Qué dicha haber amado tan desinteresadamente... y, sin embargo, cada lágrima que brotó de mis ojos, en la soledad de mi hogar, a causa de la soledad de mis manos, que ya no tienen a quien tocar, estuvo cargada de la totalidad del dolor de todos los hombres que alguna vez experimentaron como la persona amada les decía "NO".

Que así sea...

4 ene. 2010

Del método científico y del Determinismo o el Indeterminismo en ciencia

   Alguien comentó, en una de esas tardes de debate, que no es riguroso considerar a la Antropología y a la Sociología como ciencias, debido a la incapacidad predictiva que éstas presentan y a la naturaleza de sus objetos de estudio; esto es, las organizaciones humanas.
Y a mí me parece que la Antropología y la Sociología son ciencias, tan estrictas como lo sean la Física o la Biología. Al margen de la incapacidad de predicir con exactitud los eventos futuros y al margen de la naturaleza de sus objetos de estudio, tan alejados de los objetos de estudio de las ciencias físicas o biológicas, la Antropología y la Sociología han de ser consideradas como ciencias debido al método epistemológico, o método de búsqueda del conocimiento, usado; el cual es el mismo mismo en cada una.

   Pero, antes de entrar a describir de lleno este método epistemológico, idéntico en cada una de las disciplinas científicas, creo conveniente hacer una serie de anotaciones previas.
Así, entiendo que todo objeto captado a través de los sentidos, desde las piedras, pasando por los organismos, hasta las sociedades humanas, como eventos espacio-temporales que son, se relacionan, causalmente, en el tejido tetradimensional (3 d. espaciales + 1 d. temporal).
La Leyes que rigen esta causa-efecto son determinadas, descubiertas, entresacadas de entre el aparente caos por las “ciencias empíricas”, como ciencias que se dedican a la búsqueda del orden en los procesos captados por los sentidos; ya sea, esta aprehensión sensorial o captación a través de los sentidos, a simple vista o a través del microscopio o del telescopio. Por tanto, cuando nuestra percepción nos informa de la realidad cambiante de “ahí fuera” -nuestro entorno- y nuestra mente quiere ordenar toda esa información de forma coherente, entonces ya estamos haciendo “ciencia” empírica o, al menos, lo estamos pretendiendo; depende de nuestra preparación al respecto. Y digo “depende”, porque desde el discurso puramente epistemológico -que hace referencia a los fundamentos y métodos del conocimiento-, habría que seguir una serie de pasos para que nuestra investigación sea considerada como científica (al margen de cuales sean nuestros objetos de estudio y de nuestra capacidad de predicción).

   El primer punto, entonces, a elaborar en toda búsqueda de la verdad científica (empírica), sería el de “la ejecución del método prescrito o método consensuado por la comunidad científica” para la recogida de datos.
En este sentido, la Física tiene el suyo, la Biología el suyo, la Antropología el suyo... muy similares todos en cuanto a su estructura, si bien, la naturaleza de la información o datos obtenidos será bien distinta. Así, la Física estudia la materia, la Biología estudia la Vida y la Antropología estudia las relaciones sociales elaboradas por las mentes.
Por tanto, hasta aquí tenemos, que tanto el que va a estudiar choques de objetos en una pista habilitada a tal efecto, como el que hace un cultivo de células en el laboratorio, como el que viaja al Amazonas para convivir con aborígenes, está formado en el método de recogida y ordenación de datos prescrito por su comunidad de estudiosos concreta.

   El segundo punto a desarrollar en todo método científico, es “el procesamiento de los datos obtenidos” en la pista de pruebas, en el laboratorio o en el trabajo de campo llevado a cabo en la comunidad humana objeto de estudio. Y tras la revisión de los datos y la relación de éstos entre sí, así como la relación de éstos con los datos obtenidos por otros colegas que se hayan dedicado al mismo proyecto, estaríamos ya en condiciones de elaborar teorías que traten de explicar el porqué de estas relaciones entre los datos obtenidos.

   Y sería en la tercera fase del método epistemológico, en donde se trabajaría “la falsabilidad de la teoría propuesta” por el experto físico, biólogo, antropólogo... Una teoría que éste habría elaborado, previamente, relacionando e interpretando los datos obtenidos. De forma que si no conseguimos refutar dicha teoría, mediante la recogida de nuevos datos en cuya variación se observen pautas que contradigan las anteriores interpretaciones, la mencionada teoría, por reconocerse en cualquier espacio y tiempo, desembocará en una Ley.
Éste es el sueño de todo científico; el de entresacar de las entrañas del Kosmos, una Ley.

   Con todo lo dicho, y de acuerdo con el método epistemológico que rige lo que es “ciencia” -o científico- y lo que no lo es, creo que ya estamos en condiciones de decir que las “ciencias de las organizaciones humanas” son, efectivamente, “ciencias empíricas”.

   Argumentando, por otro lado, que una ciencia que sea digna de denominarse como tal, habría de tener la capacidad de predecir con exactitud eventos futuros, se determinó en aquel momento que estas "ciencias de las organizaciones humanas" no deberían ser consideradas como tales, a causa de esta incapacidad de predicción; en contra de lo que les sucede a ramas del conocimiento como la Física, por ejemplo, que son totalmente predecibles, causales, lineales.
Y, efectivamente, la Física Newtoniana o Clásica es así: predecible. Pero sin ser físico, estoy en condiciones de aportar algo más... La Física Cuántica o Mecánica Cuántica -como ciencia que estudia el fundamento de la materia- es considerada tan ciencia como la Clásica; hasta el punto que se podría decir que ambas, la Clásica y la Cuántica, explican la realidad de nuestro entorno, pero que la última lo hace con mayor grado de precisión que la primera. Y es esta última -la Cuántica-, precisamente, la que establece la “probabilidad”, como fundamento de la dinámica de la materia fundamental -esto es, las partículas subatómicas- Así, la Ecuación de Onda de Schrodinguer -que trata de definir la trayectoria, para cada tiempo, de una partícula dada, que sale de la zona A y se dirige a la zona B- nos dice que es “imposible” determinar la posición futura exacta de una partícula para cada tiempo “t”; y que lo único que podremos saber en relación con esto, son las “probabilidades” de hallar dicha partícula, en cada tiempo “t”, en las diferentes regiones del espacio, entre el punto inicial y final de su trayectoria. Por tanto, aquí la pregunta: “si un fotón sale del Sol y viaja hacia Madrid en línea recta a 300.000 Km/seg, ¿en qué punto de su trayectoria se encontrará cuando haya trascurrido 1 seg desde su salida?”, no tiene respuesta. A no ser, claro, que respondamos en términos probalísticos o, lo que es lo mismo, indicando la probabilidad de encontrar a la partícula en las diferentes regiones de la trayectoria, para ese tiempo dado.
El Principio de Incertidumbre de Heisenberg, por otro lado, viene a confirmar la impresión de “lo borroso” que se nos aparece en el intelecto cuando estudiamos el fundamento de la materia, al determinar, éste, que es imposible conocer, simultáneamente, en el laboratorio o acelerador de partículas, la posición y el momento lineal (velocidad y dirección) de una partícula dada; de manera que, cuando nos dispongamos a hacer la medición sobre la partícula observada en un instante dado, sucederá que tendremos que decantarnos por obtener su posición o por obtener su momento lineal, pero “nunca” por la obtención de las dos variables a la vez; como sucedería en la dinámica que atañe a los objetos que pueden ser captados por los sentidos, en donde estas variables si podrían ser obtenidas simultáneamente. Por lo que concluimos que no podemos definir los fenómenos físicos fundamentales, de forma plena.
Valgan este par de ejemplos para mostrar que la “capacidad predictiva” no es condición sine qua non, en la “ciencia”.

   Por tanto, las ciencias sociales, que también se expresan en términos probalísticos a la hora de hacer sus predicciones, son, por esto -y por el método epistemológico usado-, tan ciencias como la Física.

   Bien es cierto, que la sentencia de que “la ciencia ha de ser predecible” ha sido usada por algunos científicos, entre ellos Einstein. Y éstos han argüido, que si la trayectoria de la partícula no puede ser determinada con exactitud es porque hay “variables ocultas” que no pueden ser captadas por nuestros sentidos y, ni tan siquiera, por nuestros instrumentos de medición. Dictaminando, finalmente, por medio de un puro acto de fe, que esas variables, aunque ocultas, están; y, si tuviésemos acceso a ellas, la física cuántica sería tan predecible como la clásica. Por esto, Einstein, dijo: “Dios no juega a los dados”. Queriendo decirnos que lo probalístico, lo azaroso, no forma parte del fundamento del Cosmos.
Los descubridores de la Cuántica no defendían esta interpretación, sino la contraria: “el Universo es, fundamentalmente, indeterminado”.
Estas dos vertientes han dado lugar a numerosas especulaciones filosóficas, allí donde a la Física, por ahora, no le está permitido entrar. Pero esto es otra historia, que no es de aquí...
Lo que queda claro es que, en ningún momento, se le ocurriría a Einstein, ni a ningún otro científico, decir que la Cuántica no es ciencia, por no ser “determinista”. Ni a nosotros se nos debería ocurrir decir que la Antropología tampoco lo es, por la misma causa.

   Y pese a que Einstein creía enormemente en la Cuántica como ciencia, pasó toda la vida tratando de demostrar que "Dios no juega a los dados"; tratando, en definitiva, de encontrar esas variables ocultas que hicieran de la ciencia algo que se refiriera, definitivamente, a lo predecible; y no lo consiguió.
Pese a todo, "la teoría de las variables ocultas" continúa teniendo peso en la actualidad y muchos teóricos continúan buscándolas para determinar, finalmente, que la dinámica fundamental también es "predecible". Otros teóricos opinan que lo que los anteriores buscan, es más propio de una mente soberbia que no se resiste a dejar de ser Dios. ¿Determinismo o Indeterminismo? Con cuál quedarse... Tremendo Dilema... Personalmente, siento simpatía por pensar que el Indeterminismo siempre estará como telón de fondo del Determinismo. Pero el Kosmos continuará siendo escarbado, y estas "variables ocultas" podrán ser encontradas por científicos intrépidos, mediante la elaboración de un nuevo Paradigma; el cual traerá consigo, creo, sus "inherentes y nuevas variables ocultas". Así, el fondo se habrá tornado forma, tras la cual continuará habiendo fondo; un nuevo fondo a modo de nuevas variables ocultas. Y éste es, opino, el principal error del científico, que ha convertido la Ciencia en Ciencifismo al pretender que, algún día, conseguirá, ésta, atrapar al Todo en la Gran Teoría, sin llegar a intuir, en su delirio de grandeza, que "la Realidad no nos puede ser dada, racionalmente, de una sola vez".
El fondo indeterminado es el que permite la ciencia determinista; como el evento físico permite la objetivación/representación de éste. Así, la ciencia determinista siempre será una "representación de la realidad", pero nunca la Realidad en sí. Así, si uno quiere "representarse" adecuadamente el Mundo, habrá de estudiar ciencias empíricas, pero si lo que quiere es conocerlo de forma "directa" habrá de abandonar a los sentidos y hasta a la propia mente, y salir de la "caverna" y mirar directamente a la Luz del Sol, en lugar de a sus sombras y reflejos.

   Jugar con la mente a hacer mapas del Mundo, es cosa entretenida cuando se descubre que se es algo más que una mente que razona.