Búsqueda

5 abr. 2010

Dos almas

Dos almas anudadas por el destino rasgan la atadura.
Un alma, ya libre de lastre, vuela hacia las alturas;
Otra alma, sin punto de agarre, cae en el abismo.
Abajo, la tiniebla dice: Lo que veo es todo lo que hay.
Arriba, la Luz sabe que debe su brillo a la oscuridad.

El despliegue del Kosmos y de la Conciencia

  La experiencia contemplativa nos revela, de forma inequívoca, que todo es, por llamarlo de alguna manera, Ser o Conciencia. Este Conocimiento último (Gnosis, en occidente), se expresa en forma de la mayor evidencia jamás experimentada, como lo único que es perfectamente real. Consiste, como se dice en el Zen, a modo de metáfora, en “cruzar a la otra orilla”, en una última transformación interna (metanoia), en donde la objetividad que a la mente proporcionan los sentidos se reconoce como la subjetividad de la Conciencia, y en la que toda realidad ordinaria se construye sobre esta Realidad Trascendente. La expresión cognitiva se torna, entonces, más real -en el sentido de más exacta- en la experiencia contemplativa que en el estado ordinario de conciencia, al cual se le considera, desde esta visión omniabarcante, como una especie de construcción sobre la Realidad dada de forma espontánea. Reconocer este hecho es, como se dice en el budismo, Despertar. Despertar a la espontaneidad pura de la Realidad, tal cual es, sin perjuicio de la realidad que nuestra mente construye para nosotros, pero que es parcial.

  Parcial, en el sentido en el que el hindú, Sri Nisargadatta Maharaj, lo expresa cuando dice: “Tomamos la palabra por la cosa, el reflejo por la Realidad; e imponemos a la verdad nuestra propia versión equívoca de la vida”.
De forma más concreta, lo expresa el semántico, A. Korzybski, en la frase: “El mapa no es el territorio que representa”.
El físico e historiador de la ciencia, Thomas Kuhn, en su libro, La Estructura de las Revoluciones Científicas, también se refirió a esta idea, a la que abordada desde el conocimiento del mundo que nos proporciona la ciencia, denominó “paradigma”.
Un paradigma sería, desde esta perspectiva científica, en palabras de Kuhm, “la conglomeración de creencias, estimaciones, valores y métodos compartidos por los integrantes de una comunidad científica determinada". Y añade, "cuando un paradigma es aceptado por la mayoría de los miembros de la comunidad científica pasa a ser el enfoque obligatorio de los problemas científicos”. “Desafortunadamente -continúa- también se le suele confundir con un cuadro fiel de la Realidad, en lugar de acogerlo como plano útil, aproximación ajustada y modelo para la organización de la información conocida. Esta confusión del mapa con el territorio es típica de la historia de la Ciencia y, según muchos, de la historia de la Humanidad”.
Einstein, expresó esta misma idea de no confundir el paradigma científico con la Realidad que está tratando de explicar, comparando el Universo con un reloj imaginario de exquisita precisión y que fuese, literalmente, imposible de abrir para observar el mecanismo en su interior. Einstein dijo, que podremos imaginar diversos modelos teóricos acerca de cual será el mecanismo interno del reloj, cada uno de ellos explicando con mayor exactitud que sus predecesores las diferentes funciones del reloj y prediciendo, en consecuencia, más matices del movimiento de sus agujas y demás componentes. Pero nunca podremos saber si, realmente, el modelo mecánico que hemos pronosticado como válido es el que, ciertamente, está en su interior(1)
Ken Wilber, en su libro La Conciencia del Ser (Antología de sus textos espirituales), habla -a su especial manera- del paradigma. Y lo hace, además, abordándolo desde lo que implica la inevitable y continua sucesión de cambios de paradigma, a lo largo de la historia de la Humanidad pasada, presente y futura.
Él designa a este paradigma, o la estructura determinada en que el Ser Humano conoce, utilizando el término griego Kosmos. Dice, lo siguiente: “El Kosmos avanza, ininterumpidamente, hacia delante buscando en el mundo del espacio y el tiempo el summun bonum sin forma y atemporal; algo que no encontrará jamás ya que la evolución se lleva a cabo en el mundo de la forma, que se desarrolla a lo largo del tiempo”. Continúa, diciendo: “Y puesto que nunca lo encontrará, jamás dejará de buscar. La rueda del samsara girará incesantemente. Ésa es la pesadilla brutal que se oculta en su corazón”.
La pesadilla del Kosmos evolucionando, por tanto, es que nunca dejará de hacerlo (Con excepción de que, finalmente, el Universo termine colapsándose sobre sí mismo, claro está)
Aquí, Wilber, introduce un punto de vista muy interesante acerca de la evolución...

  La evolución, la evolución... La evolución “sin fin” hacia el “Punto Omega”; El summun bonum sin forma, inalcanzable por definición en el mundo de la forma y de las ideas, pero que, sin embargo, otorga a éstas una “direccionalidad en su desarrollo”; La ortogénesis, como evolución condicionada de la Naturaleza, defendida por los científicos más atrevidos, avanzando hacia la Utopía de Platón, como el mundo perfecto, final e inalcanzable.
La constante evolución, produciendo cambios de "paradigma" cada vez más abarcantes, más relacionales, más próximos al inalcanzable Punto Omega. Del paradigma Mágico tribal al Mítico de las primeras civilizaciones, del Mítico al Racionalista/Newtoniano, de éste al Cuántico/relativista y de aquí, a quién sabe dónde...
La evolución desplegándose en el mundo de los objetos y las ideas, que crea soluciones a los interrogantes ya dados; trayendo, éstas (soluciones dadas), consigo, nuevos interrogantes, que habrán de ser resueltos a través de nuevos órdenes interpretativos de la Realidad, que se irán gestando en el proceso de la evolución del Kosmos; entendido, éste, como Sistema de Conocimiento o Paradigma.
Todo esto habrá de suceder -siempre sucede- desde un nuevo despliegue -a modo de nuevo paradigma-, más abarcante que el anterior; que lo incluye y lo resuelve a la par que genera, ineludiblemente, sus propias incógnitas inherentes a él que habrán de ser resueltas en el siguiente despliegue o nuevo paradigma, con sus correspondientes intrínsecas incógnitas.
Y así, una y otra vez... Ad Infinitum. Creando, el eterno Kosmos en su "despliegue", en su desarrollo siempre hacia adelante, la infinidad de objetos e ideas posibles, a lo largo del espacio y el tiempo.

  Y de aquí se deriva el principal error del paradigma científico, tan adorado hoy día -adorado como al Dios menor al que sustituyó-. Me refiero, naturalmente, al error originado en la no captación de la esencia del Cosmos (Universo), que se deriva, exclusivamente, de la experiencia contemplativa. Una no captación de la “esencia”, que se observa al pretender que la ciencia, algún día, explique todo el Universo en “la gran teoría”. Sin llegar siquiera, ésta, a intuir, en su delirio de grandeza, lo que por su propia vía nunca conocerá; que la Realidad no nos puede ser dada, racionalmente, de una sola vez. Ésa es la Utopía y, al mismo tiempo, la falacia fundamental del científico, que ha convertido la ciencia en ciencifismo -Todo esto, sin perjuicio de los magníficos avances llevados a cabo en este ámbito-

  Ésta es, por tanto, la pesadilla del mundo de los objetos y de las ideas. La rueda del Samsara que girará incesantemente; La comprensión última de que la incógnita, lo negativo, lo que nos aparta de la plenitud, de la totalidad, es algo inherente a este mundo de las formas y las ideas, al mundo tal y como lo conocemos. Ésta es la Primera Noble Verdad del Budismo, referida al sufrimiento que proporciona lo anterior.
Llegados, entonces, a este punto del desarrollo humano, las terrenales y efímeras gratificaciones sustitutorias de la plenitud utópica, las especulativas promesas de una vida plena más allá de la muerte, ya no son suficientes para el ego atrapado en la pesadilla de la imperfecta existencia, en el sufrimiento inevitable de "ser en el mundo".
Y así sobreviene en el individuo plenamente consciente de ello, la desesperación del ego que se resiste a sufrir en el mundo de los objetos y las ideas. Un mundo en el que, desde cualquier paradigma o nuevo orden desde el que se contemple, nunca será perfecto.
Entonces, cuando se comprende esto, el corazón se congela y el Nihilismo cobra vida, y hace acto de presencia haciendo del Hombre su morada.

  Y, en un último acto de lucidez, sin nada más que hacer que rendirse a lo evidente, sin lucha, sumido en la “noche oscura del Alma” (San Juan de la Cruz), en la plenitud de la abrazada desesperación... estate en silencio y realiza, sin intención de hacer nada, el último despliegue fuera del espacio y del tiempo y dentro de ti mismo, y comprende el milagro de la existencia, más allá de toda ciencia y por encima del bien y del mal.
La dicha de ser aquí y ahora; ¡hay tanto en tu interior que ver a tu alrededor!
Eternamente yaciendo en tu Verdadero rostro. Tu rostro Original que siempre ha sido, es y será: El ni-nacido ni no-nacido que ni muere ni no muere, perceptor de la Verdad, la Belleza y la Bondad (Platón) de lo que, simplemente, "es"; el Uno, sin partes.
Y, entonces, tu pequeño "yo" habrá comprendido que todo ha merecido la pena. Que "los últimos serán los primeros" (Jesucristo) y que "a gran confusión, gran iluminación" (proverbio Zen).

   (1) Referencia extraída del libro de Gary Zucab, “La danza de los Maestrus de Gu-li”

4 abr. 2010

Como el Ave Fénix

Y, como el Ave Fénix, surgió de sus cenizas
un Hombre nuevo hecho de fuego.
Su fuego, la llama de Amor viva.
Sus cenizas, el amor ya muerto
con el que irradió al amante
hecho de carne prieta, de mente ansiosa
y un corazón que estaba ya seco.