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5 may. 2011

Nunca es lo que haces, sino cómo lo haces

  Nunca es lo que haces, sino cómo lo haces. "Ama, y haz lo que quieras", dijo San Agustín. Porque cuando verdaderamente amas (más allá de las formas) no te vale hacer cualquier cosa, sino solamente aquello en lo que pones corazón. Así, bajo los designios del Amor, sólo quieres hacer cualquier cosa en la que pones corazón. La Vida, finalmente, es una cuestión de “actitud”, de actitud amorosa que perfila tu actuación.
Y la actitud apropiada, la que brota instantáneamente del corazón, se manifiesta cuando el yo biográfico se desliza a un segundo plano (a través de zazen) y el Yo Radiante, de simplemente Ser, se manifiesta.
En el Yo auténtico, de simplemente Ser, que se experimenta a través de la sinergia cuerpo/mente (que deriva de zazen) no hay ego que trate de manipular la realidad (subjetiva u objetiva que experimentas a través del conocimiento aprendido), sino tan sólo Ser que experimenta la Pura Realidad. Es, entonces, cuando, como expresión de este simplemente Ser que esencialmente eres, no usas ni te dejas usar por nadie, en un exquisito fluir sin resistencia que refleja la armonía de la totalidad del Cosmos que eternamente danza; es aquí cuando ves en cada ser humano al que miras a la Humanidad entera, comprendiendo que dañar al otro es, esencialmente, dañarte a ti mismo; es cuando la Vida se torna fresca a cada instante y la Realidad Dichosa y Luminosa de la Pura Conciencia que Eres, se vierte en cada forma perfecta que experimentas a través de tus sentidos; es cuando tomas los conocimientos adquiridos y los dejas reposar en tu Corazón para que, juntos, trabajen, intuyan y creen algo nuevo que venga exclusivamente de ti mismo; y es cuando comprendes que la Vida no se puede entender, tan sólo “sentir”... Entonces, ahora, es el puro Ser que eres el que realiza tu Vida, y la Tierra y los Cielos y todo lo que contienen se tornan el Paraíso perdido; Adan y Eva han sido readmitidos en el jardín del Edén, el hijo pródigo ha vuelto a casa. Marcharon inconscientes e ignorantes y regresaron lúcidos y sabios. Algarabía final en este viaje que es el milagro de la Vida. Dichosa aventura de vivir... ni cogí las flores, ni temí a las fieras y pasé los fuertes y fronteras -evocando a San Juan de la Cruz-.

  -A mis amigos Tete y Lina o Lina y Tete, que de forma innata y sin esfuerzo ponen Corazón en todo lo que hacen-