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30 dic. 2009

De la verdad del relativismo cultural y de sus limitaciones

Existe una tendencia postmoderna, de los círculos académicos, a considerar que no hay culturas mejores que otras. Y, de pronto, esto me parece cierto. Pero, cuando, por otro lado, una mujer me dice que la cultura Islámica es peor que la Occidental, debido a que en el Islam las mujeres gozan de menos derechos que los hombres, de repente, esto también me parece cierto. Pero, ¿cómo pueden ser ciertos dos enunciados aparentemente contradictorios? Éste, sin duda, habrá de ser el gran debate de la Antropología académica por mucho tiempo.
A mi parecer, confundimos "la valía inherente a cada cultura en cuanto que modelo auto-organizado y plenamente coherente en y por sí mismo" con el hecho de que "todas las prácticas culturales hayan de tener el mismo valor"; y como todas -en determinados sectores académicos, como digo- terminan teniendo el mismo valor, finalmente, ninguna tiene valor en un sistema de referencia Universal jerarquizado; el cual termina no existiendo. Este sistema de referencia Universal jerarquizado, sencillamente, no existe si todos los valores culturales "tienen el mismo valor". Así, de esta manera, los valores (morales/éticos) sólo son válidos dentro del contexto que les vio nacer. Y se distorsionan considerablemente si son observados desde otro sistema de valores que no sea el suyo propio, pues no hay un sistema de referencia Universal que los encaje jerárquicamente; que los mire a todos equidistantemente y los ordene coherente y significativamente en un marco ideal o Universal. De esta manera, "sólo tenemos contextos relativos, relacionándose relativamente con la infinidad de contextos relativos posibles". Todo esto, como si las Culturas y "los valores que las gestan", que se dan en el espacio y el tiempo físicos "relativos", debido a la inexistencia de un sistema de referencia absoluto en el Universo físico Infinito, se hubieran tornado, también ellos, las Culturas y los valores, digo, "relativos", por obra y gracia de Einstein. Así, observados desde fuera de sus propios sistemas de referencia, desde la ausencia de sistema de referencia alguno, todos los sistemas de valores culturales tienen el mismo "valor", sencillamente porque todos cumplen con la función "auto-organizadora" del sistema social que regulan. Y esto es verdad, pero es una verdad que está incompleta.
Para comprender esto, para comprender los límites del "relativismo cultural", o el hecho de que el relativismo aplicado al Hombre y sus productos, nos revela una verdad que está incompleta, hemos de observar, en relación a la relatividad, que Einstein habló de "dimensiones", de lo "medible", de "propiedades de lo físico", de lo "externo", de lo "objetivo", de lo "inerte", de lo "sin mente", de lo "sin valor"; un sistema Físico no es mejor que otro (Una piedra rojiza no es mejor que una piedra grisácea; salvo porque alguna de ellas "no cumpla adecuadamente la función a la que vaya destinada"). Y, efectivamente, en lo meramente material o el "simple ajuste funcional" de los individuos en las sociedades, así es; no hay algo "mejor" que otro algo, cuando todos los algos son coherentes en sí mismos o auto-organizados. Ambos, lo material y lo social, observables "externamente" y "medibles"; plenamente "empíricos". Y en lo empírico, ciertamente, no hay "valor intrínseco" de lo observado. Cada cosa es observada desapegadamente, externamente, medida, interpretada, como desde fuera del propio sistema de referencia de "la cosa", y entonces ésta es válida en tanto que ésta cumple su función adecuadamente en su sistema físico -para los objetos- o en su sociedad -para las personas/objeto- Así, la ablación y la mujer sobre la que ésta se aplica, encajarán perfectamente en el sistema tribal, como organización Humana que es autoorganizada, del mismo modo que la igualdad de derechos de la Mujer en relación al Hombre, presentará un encaje funcional perfecto en la sociedad racional de Occidente, que también es auto-organizada; entendiendo por auto-organizadas, que se regulan a sí mismas. Así, desde la simple observación empírica, externa, o desde "el mirar hacia afuera", en donde se pierde el "significado" en favor del "encaje funcional", desde aquí, como digo, "todas las culturas son igualmente válidas, en tanto que todas son entes plenamente auto-organizados". Pero, como decía, esto es tan sólo la mitad de una verdad más amplia. Y la otra mitad de esta verdad es que las diferentes "Culturas", concretamente los "sistemas de valores" en los que éstas se asientan son "ideas"; ideas que se van gestando, a nivel global, en una escala que implica ser cada vez más relacional, menos opresivo, más compasivo, en definitiva.
Hablamos de "valores" (o moral concreta de cada cultura), como estados "mentales", no "materiales". Los fenómenos estrictamente físicos, observables, medibles empíricamente, efectivamente, como decíamos, son "relativos". Los "valores", como estados mentales, no lo son en absoluto; los valores se hayan jerarquizados en una escala de abrazo compasivo, que va desde "yo en mí mismo" hasta "yo en todo lo manifestado" -pasando por yo en mi familia, yo en mi grupo, yo en mi país- Una escala de valores que, por ser cada vez más inclusiva, es Absoluta (no relativa); es Universal.
Y, por esto, es "mejor", universalmente hablando, amar al que es distinto, que odiarlo; es mejor el valor de la idea gestada interiormente de "la igualdad social" que el valor de la idea gestada interiormente de "la necesidad de clases sociales"; por todo ello, es mejor ser mundicéntrico que ser etnocéntrico.
Si admitimos esto, admitimos que la aparición de la mente reflexiva -que permite la reflexión acerca del "Yo soy en el Mundo"- aporta nuevas cualidades a la Naturaleza. Con la mente reflexiva aparece el "valor intrínseco", el significado interno, vivo, latente en el Corazón de cada Ser Plenamente Consciente que no puede dejar de sentir cuando un Ser esencialmente igual a él, sufre. Este ser Pleno, ya no sentirá rabia, sino pena por los agresores, por ser consciente de que si ellos supieran lo que él sabe no podrían, de ninguna manera, actuar de esa forma. Y, pese a todo, este Ser intuye, en un último grado de desarrollo, que el Mundo de las cosas habrá de ser eternamente así...
Esto de lo que hablo, es una de las tantas formas en que esa "dimensión interna" del Hombre se expresa; tan real como la "dimensión externa" del Hombre que se dedica a medir el Mundo y representárselo. Estamos tanto tiempo mirando "hacia afuera" y discerniendo acerca de ello que olvidamos que un Mundo tan grande como el de fuera, ya lo llevamos dentro desde antes de que nacieran nuestros padres...
Por todo esto, por la forma en que el Hombre Moderno se desenvuelve en el Mundo, creo que existe un reduccionismo sutil, inconsciente, al pretender ver "los sistemas de valores de cada Cultura" como si fueran "objetos descarnados", como cuando observamos simples objetos físicos o, más allá de esto, pero aún en ello, como cuando observamos a las comunidades humanas como si fueran simples sistemas aislados formados por "x" elementos -personas- que interactúan entre sí. Ése es el terrible error del "empirismo", el de pretender hacer de todo lo que puede ser conceptualizado, observado, medido, un "objeto inerte".
Insisto, el Racionalismo, a mi parecer, comete el error de, como decía, confundir, por medio de un reduccionismo sutil, "la valía inherente a cada cultura en cuanto que modelo auto-organizado y plenamente coherente en y por sí mismo" con el hecho de que "todas las prácticas culturales hayan de tener el mismo valor". Todo esto, como he dicho, haciendo que lo interno del Hombre -y que lo hace tal- colapse, como diría Ken Wilber, en lo externo de éste; presentándolo como un simple animal que abandonó la cúspide de la pirámide evolutiva para sentarse en su base junto con el resto de sus hermanos menores, por imperativo de la ciencia empirista que ha sustituido "el dogma de la fe" por "el dogma del paradigma o modelo científico" que obtiene la verdad, exclusivamente, desde la observación empírica externa, o de los sentidos.
Si éste, el tema del cuestionamiento del Relativismo Cultural, es un tema continuamente recurrente -como intuyo que lo será-, entonces, no podremos seguir obviando el hecho de que "los valores", como sistemas jerarquizados universalmente, están siempre ahí como telón de fondo gritándonos que existen, diciéndonos que ellos mismos son tan reales en la Noosfera -o comunidad de mentes que interactúan- como nuestros cuerpos orgánicos lo son en la Biosfera.
Hablo de una Comunidad de mentes o Noosfera que se está expresando ahora mismo, haciéndose plenamente real, en este blog, en todos los blogs, en cualquier foro o chat, mientras nos estamos leyendo los unos a los otros. Una Noosfera que, ineludiblemente, se expresa, cuando mira hacia adentro en lugar de hacia afuera, en términos de "mejor" o "peor"; en una escala de valores que es Universal. Y esto es así, porque una cognición en la que se percibe a "los otros" como "esencialmente iguales" a "nosotros", es más "verdadera" que una cognición que nos presenta a "los otros" como alguna especie de restos del Kosmos imperfecto. ¿Y por qué es más verdadera? Las tradiciones contemplativas tienen mucho que decir al respecto. Y presentan, además, un método epistemológico de validación de sus enunciados, desarrollado a través de una praxis, a disposición de cualquiera que decida, seriamente, tratar de refutar este hecho referido a la esencia igual de todo hombre y mujer.
Y esta cognición mundicéntrica Universal es más verdadera, porque en ella no intervienen fragmentaciones culturales aprendidas que no están realmente "ahí fuera" -me estoy refiriendo a la construcción social de la raza, con su correspondiente categorización; y a otras construcciones sociales fragmentarias-. Si reconocemos el "valor más verdadero" del que ve que todos los Hombres tienen el mismo valor, "siendo la Cultura aprendida la que nos revela a los demás como distintos" -construcción social de la Raza o la clase social-, entonces habremos de admitir que el Hombre que sigue operando cognitivamente a través de la "construcción exclusivamente racial o social del Mundo" es un hombre oscurecido que "categoriza al Hombre conforme a las directrices que le marca su cultura concreta aprendida", que se gestó así con fines organizativos. Esto, más o menos, es lo que sucede en las culturas tribales y míticas anteriores a las estrictamente racionales; esto es, que su etnocentrismo brutal les impide ver lo digno que hay en cada una de las restantes culturas. Y este hombre descrito, oscurecido, es un hombre sumido en el sueño de "la realidad construida de las jerarquías de poder" a la espera de que el fogonazo de la Luz de la Razón, que apunta a la esencia de la realidad en sí, le muestre la Verdad.
Por tanto, sin ánimo de levantar ampollas, a causa de este razonamiento, la cultura Teocéntrica, o Mítica, del Islám o del Occidente anterior a la aparición de los estados Democráticos/Racionales, es menos desarrollada en el sistema de valores Universal, que la cultura Democrática Occidental actual; pese a que todos los hombres y mujeres sean esencialmente iguales, o pese a que todos los hombres y mujeres posean la totalidad del potencial humano dentro de sí, la forma en que cada uno de estos construye su realidad, se pude describir en términos de "mejor" o "peor". Así, el sacrificio humano ritual tribal es peor que las castas sociales míticas, que son peores que la igualdad institucionalizada de todo hombre y mujer presente en el Racionalismo. Esto, sin perjuicio del Conocimiento que se pueda derivar del Animismo mágico tribal y de la visión Mítica del Mundo. Pero, en relación con los "valores", así habría de ser; los valores de unos son mejores o peores que los de otros.
Y será el potencial humano latente en todas las almas el que posibilitará que cada hombre y mujer sean mejores cada día, o construyan mejor su realidad, si así se lo proponen (y si los que ya pasaron por allí antes que ellos les echan un cable). Un potencial humano que, dicho sea de paso, se va desarrollando, va madurando, se va haciendo más inclusivo y mejor, a lo largo de los diferentes estadios del desarrollo escalonado de las sociedades; pasando de la Magia al Mito y de éste al Logos.
Y sin embargo, la Pura Razón Democrática, a diferencia del Mito Teocrático, no se empeña en derrocar a éste. La verdadera Razón Iluminativa, abraza al Mito compasivamente como "expresión de la diversidad", y a la Magia, y en este abrazo no se tornará realmente sabia hasta que no acepte que ella ilumina más, en su abrazo mundicéntrico, que la Magia animista y el Mito, en sus abrazos etnocéntricos.
Bien es cierto que los "chacales del dinero" occidentales, así como los últimos reductos del Dios mítico, se empeñan en oprimir a estas culturas diversas, pero hermanas menores, disfrazándose de los que ofrecen, desinteresadamente, el Bienestar Social y la Salvación; pero éstos no son "Razón Pura". La Razón Pura habrá de aprender a conjugar, más allá de ella misma, en un sistema más allá de lo meramente lógico pero Omniabarcante, "la Compasión por lo diverso" con "la escala de Valores Universal" en la que unas prácticas culturales son mejores para el Hombre que otras y en donde, pese a ello, todas las expresiones culturales han de ser abrazadas compasivamente por formar éstas parte del inevitable y necesario desarrollo, crecimiento y maduración del Hombre como especie
Unas culturas diversas, con estructuras sociales significativas, mejores y peores al enmarcarse en un sistema Universal de valores que, efectivamente, como digo, han de ser abrazadas con compasión, pues forman parte de nuestro inevitable desarrollo desde la infancia del Hombre hacia su madurez. Pero en donde, del mismo modo que un hombre opera mejor y se hace más relacional con los restantes Hombres, siendo razonable; una cultura opera mejor y se vuelve más relacional con las restantes culturas, siendo racional.
Lo académico, lo político, aún no han resuelto está contradicción acerca de si las diferentes culturas han de validarse en términos absolutos o en términos relativos. Hacia la integración de lo absoluto y lo relativo en una síntesis superior (como diría Kant) habrán de dirigirse, y no hacia tratar de resolver, intelectualmente, que es lo verdadero; si el Relativismo Cultural, que mira a todas las Culturas con equidad, o el Sistema de Valores Universal, que encaja en su seno a cada una de ellas en una estructura ortogénica ascendente, cuyas piezas encajan perfectamente.
Ambas cosas son, simplemente, Verdad; la primera en la dimensión externa del Hombre y la segunda en la dimensión interna de éste.

28 dic. 2009

Compasión ascendente

Alguien me envió un enlace en el que, parece ser -pues no me digné a verlo-, se visionaba como los miembros de una tribu africana enterraban vivos a aquellos niños que habían nacido con una traba fisiológica o psicológica.
Sin duda, desde nuestra propia perspectiva cultural, esto es una atrocidad. Y, sin duda, la atrocidad se torna aún mayor en el momento en que éstos son enterrados “vivos”. Si bien no me dispuse a ver las imágenes -no encontré una razón de peso para observar tales circunstancias-, no pude, en cambio, dejar de analizar el por qué de ese enterrar con vida a seres humanos.
¿Por qué los miembros de esta tribu sacrifican a los niños que no pueden valerse por sí mismos? ¿Qué es, además, lo que en su interior, les permite enterrarlos vivos?
Lo que si parece evidente, tras formularse este tipo de peguntas, es que la compasión no es un sentimiento que esta tribu experimente... ¿Por qué?

Para empezar a responder a este tipo de cuestiones habría que tratar de clarificar, en primer lugar, como se gesta en los seres humanos esta compasión que, a juzgar por los hechos, no es experimentada por los miembros de esta tribu. Pues bien, a mí me parece que la compasión, como sensación que brota desde lo más hondo, y que, cuando se hace consciente, se expresa en la mente como "respeto a la Vida", se da solamente en individuos que han desarrollado la madurez emocional suficiente y la capacidad cognitiva que permita a éstos, mediante operaciones mentales, “ponerse en el lugar de el otro"; en la piel del otro. Y esto, además, sólo puede ser conseguido a través de una serie de desarrollos “interiores” que son escalonados, y en los cuales cada uno de éstos se construye sobre la base de sus anteriores; de acuerdo con los fundamentos, con carácter Universal, de la psicología del desarrollo cognitivo de Piaget. Y es por esta propiedad del desarrollo escalonado de las habilidades cognitivas, la de su Universalidad, que creo que este modelo del desarrollo de Piaget puede aportarnos algo de luz, en relación al hecho del enterramiento con vida. Tratemos de aclarar el por qué.

Siguiendo, por tanto, el modelo del desarrollo cognitivo de Piaget, nacemos siendo "egocéntricos"; de hecho, al principio, el bebé es tan egocéntrico que, subjetivamente, no se diferencia de la madre ni del entorno que pueda percibir. Esta etapa duraría unos pocos meses, durante el primer año,

Al final de esta primera etapa de fusión con la madre y con el medio, éste terminará asimilando, mediante un desarrollo cognitivo posterior, que tiene un cuerpo independiente del de su madre y del entorno próximo. A esta segunda etapa emergente del desarrollo cognitivo, Piaget la llamó estadio preoperacional. A lo largo de ésta, el sujeto elaborará imágenes, posteriormente símbolos, y el lenguaje hará aparición -en la siguiente fase y en medio de un lenguaje más desarrollado aparecerán los conceptos y la capacidad empática necesaria para experimentar la compasión-.
Siguiendo el modelo integral de Ken Wilber, los miembros de las organizaciones sociales tribales operarían, cognitivamente, a través de este segundo estadio del desarrollo; el preoperacional. O, dicho de otra manera, las agrupaciones de individuos que operen, cognitivamente, por medio de este estadio preoperacional se organizarán socialmente formando “tribus”. O dicho de otro modo, el producto social de una cognición colectiva asentada en la fase preoperacional sería el de las organizaciones tribales.
Por tanto, cuando el bebé deriva en niño y éste en hombre, y si aún no ha salido de esta segunda fase del desarrollo cognitivo -preoperacional- en la que el individuo sólo puede conocer mediante operaciones mentales muy rudimentarias, entonces, para este Hombre todo el Mundo gira en torno a su familia, a su "tribu". El egocentrismo radical de fusión con el entorno ha derivado, entonces, en etnocentrismo tribal. Aquí, en este estadio cognitivo colectivo que deriva en el sistema tribal, el individuo se preocupa casi exclusivamente de comer y tratar de sobrevivir. Se apoyará, para ello, en su familia, o en su tribu. Y explicará al Todo, a la Naturaleza, por medio del animismo-mágico, que es el modelo interpretativo de la Realidad que se vierte desde una mente que opere utilizando, por llamarlo de otra manera, el sistema operativo preoperacional. Los individuos no funcionales, no útiles en este entramado mágico/animista/tribal, sencillamente, dificultan esta tarea de supervivencia a los miembros de la familia/tribu. En este fundamento, creo, radica el enterramiento de niños minusválidos o deficientes, para el caso de la tribu mencionada. Que estos niños sean, además, enterrados vivos, creo que pueda ser debido -si se analiza el hecho desde esta perspectiva cognitiva-, no a algún tipo de mórbida maldad -cómo nos pueda parecer desde nuestro sistema de referencia moral mítico/racional-, sino, simplemente, debido al hecho de que los miembros de dicha tribu aún no hayan desarrollado la "capacidad cognitiva de ponerse en el lugar de el otro". O dicho de otra manera, ellos no percibirán, no sentirán, no conceptualizarán, la atrocidad moral que es enterrar a alguien vivo; pues no sienten en su interior el llanto de los niños enterrados. No tienen la capacidad de "ponerse en su piel" para tratar de sentir como ellos. No han desarrollado, en definitiva, la capacidad empática. Hecho que, entiendo, podría ser demostrado si al estudiar la lengua de estos nativos descubriéramos que en su léxico no existieran términos para referirse a sentimientos o estados interiores como el de la compasión o el de la empatía, de la que esta compasión deriva; pues, sencillamente, aquello que no es pensado o sentido no puede ser nombrado.

Y es que la empatía es un sentimiento maduro o desarrollado; y lo es, porque se ha de dar un cierto grado de desarrollo cognitivo, o de discernimiento, anterior que permita experimentarla. Y esto es porque sólo se puede experimentar empatía, después de que el individuo opera, cognitivamente, mediante un sistema preoperacional -tribus-, para más tarde, y sólo entonces, operar cognitivamente mediante operaciones concretas -sociedades Teocráticas-, en donde, finalmente, si será posible ya un cierto grado de empatía, que culminará en una empatía mundicéntrica, en el operacional formal -sociedades Democráticas-

Si el desarrollo no se estanca -por causas internas o externas-, a partir de aproximadamente los 7 años de edad, "aprendemos" que formamos parte de una comunidad de individuos; estamos ya aprendiendo a desenvolvernos en una Cultura, y para llevar a cabo esto adecuadamente asumimos un roll concreto como "nuestro lugar en la sociedad". Aquí, mi grupo, mi sociedad, la comunidad de gentes que comparten mi propio "sistema de valores" -grabados, éstos, por repetición en mi cerebro desde la más tierna infancia-, son lo único verdadero; y los restantes sistemas de organizaciones humanas, al estar fuera de "mi verdad", de mi entorno, son erróneos y, en cierto modo, amenazantes.
Aquí, los vínculos ya no son "de sangre" -como en la tribu-, sino de un "Dios común".
Las mitologías y el "etnocentrismo mítico" -o, podríamos llamarle, “nacionalista” o, incluso, "imperialista"-, llegaron juntos de la mano. En este estadio, el individuo empieza ya a desarrollar la capacidad de “ponerse en el lugar de el otro”; pero, exclusivamente, en el lugar del otro que comparte su mundo, a modo de su sociedad con su conjunto de valores concretos. Aquí nacen las fronteras, las banderas, los símbolos de identidad, la Inquisición, las evangelizaciones, los colonialismos, las guerras santas, los nacionalismos... gestados por toda comunidad cuya mayoría de individuos operen, cognitivamente, de esta manera. La misma frase, más o menos inconsciente, del tipo: "que suerte tengo de ser español/vasco/catalán/iraquí/
cristiano/musulmán...” o cualquier cosa que se nos ocurra en este sentido, nace aquí, en el etnocentrismo mítico, que deriva de esta tercera gran estructura psíquica del desarrollo cognitivo individual, aplicada a la conciencia colectiva; estructura a la que Piaget llamó estadio operacional-concreto.

Si el desarrollo continúa, si no se estanca, a partir de los 12 años, aproximadamente -dependiendo del entorno particular del individuo-, entramos en la cuarta gran etapa del desarrollo cognitivo y comenzamos a elaborar operaciones cognitivas más complejas, a través del estadio operacional-formal. Y la Razón empieza a madurar gradualmente en nuestras mentes hasta que, en un pleno grado de madurez, terminamos siendo "mundicéntricos", y comprendemos "la maravillosa diversidad del Mundo compartido", no por mi tribu, o por mi país, sino por todos los Seres Humanos, haciendo nuestro “el respeto hacia las diversas formas de vida”.

Y, a mi parecer, es en este punto en donde confundimos "la capacidad de reconocer que cada cual es afortunado de nacer y vivir en la parte del Mundo que le haya tocado" -lo cual nos descarga de la visión etnocentrista, propia de la etapa anterior-, con el hecho, tan académico y postmoderno, de que "todas las prácticas culturales hayan de tener el mismo valor" (Pero esto es otro tema que ha sido tratado en otras entradas).

Por todo lo anterior, resumo que, analizado el caso de la tribu que entierra niños minusválidos vivos, desde la perspectiva del desarrollo cognitivo, esta tribu no percibe, de ningún modo, la atrocidad que nosotros percibimos en tal hecho, debido al estadio cognitivo en el que, colectivamente, se encuentran; el preoperacional (de Piaget). Siguiendo el modelo integral de Wilber, éste es un estadio cognitivo que en las organizaciones sociales genera sociedades tribales, que carecen de la capacidad cognitiva de “ponerse en la piel del otro”. Que impide, en definitiva, percibir lo que pueda haber de atroz o de maravilloso en determinadas acciones realizadas.

La pregunta que cabría plantearse, a continuación, si tomáramos esta argumentación como válida, sería, ¿son estos individuos, carentes del grado de desarrollo cognitivo que les permita experimentar la compasión, que les permita, en definitiva, ponerse en la piel del otro, responsables del acto de enterrar niños minusválidos vivos, como la atrocidad que nos parece que es?

22 dic. 2009

Sentimiento con Karma

¿Qué hacer con esta emoción que me envuelve y me arrastra como un río crecido?

Esta inmersión inevitable en la emoción, esta imposibilidad de escapar de ella y este ahogo en ella misma, genera continuos pensamientos que argumentan en favor o en contra de mi mismo, y me mantienen a flote o me hunden, yendo de una orilla a otra en el gran caudal de la emoción. Sin control, permanezco en este caudal (de sentimientos) a merced de la corriente (de pensamientos relacionados con éstos). Así, llevando conmigo toda esta devastación interna, no me despego de la emoción ni de su causa en el pasado, condicionando de este modo mi presente (como un gran torrente de emociones incontroladas que arrasan todo a su paso).

Éste es, por tanto, el sentido del Karma. Karma es vivir nuestro presente a través de las emociones de nuestro pasado; así, Karma es condicionar nuestro futuro por medio de nuestro presente impregnado del pasado.

Karma es, finalmente, ir con el pasado vivo en mi mente, anestesiando así mi presente, condicionando así mi futuro ¿Cómo escapar de esta corriente?

Nada sensato puedo hacer. No hay argumento, por juicioso que parezca, que me saque de esta devastadora riada de emociones que arrasa todo a su paso.

Me rindo, finalmente, a este sentimiento, que sé que es más fuerte que mi intelecto. Me entrego a esta corriente que me desmembra, me arranca las tripas, me rasga la carne y deja mis huesos al descubierto.

Y, sin embargo, en medio de tanta devastación interna, en la tragedia final de este insignificante trozo de historia que soy, entre las ruinas de mi propio yo, siento que algo ha quedado intacto; mi Ser.

Dejarse hacer sin dejar de hacer

Decía San Juan de la Cruz, “buscando mis amores iré por esos montes y riberas, ni cogeré las flores ni temeré a las fieras y pasaré los fuertes y fronteras”.
Sin duda, más allá de lo estrictamente religioso, desde aquí, desde lo eminentemente práctico, él buscaba el sentido. Aquello que algunos caminantes buscan después de tanto o de tan intenso trecho andado; la búsqueda del sentido.

Y en esta búsqueda, agotado, ya no busques resultado; sólo actúa por pura espontaneidad del devenir del Mundo a tu alrededor. Caminante extasiado; ríndete, entrégate y deshaz el nudo... Dejarse hacer haciendo en cada momento lo que circunstancial y naturalmente ha de ser hecho... Deshaz el nudo... y en esta búsqueda, ya no busques resultado. Dejarse hacer sin dejar de hacer; hacer sin intención, sin buscar el resultado... Deshaz el nudo y estate dispuesto a caer y caer... no hay suelo... no habrá golpe... sólo los brazos amorosos del Vacío, los brazos amorosos del Sentido, los brazos amorosos del Amado.

21 dic. 2009

Amor licuado

El Amor se filtra como puede a través de nuestras representaciones mentales, de nuestras visiones del Mundo. A duras penas y, sin embargo, inevitablemente, un sucedáneo de éste, un licuado de Amor transcendente, una forma parcial y egótica de éste, se entremezcla con el miedo, que es un residuo del propio ejercicio de la mente, y, ambos, el sucedáneo del verdadero Amor filtrado por la mente y el miedo construido mentalmente, rigen nuestras vidas separadas.

Así, nos apegamos a las expresiones parciales, licuadas, egóticas, de Amor que se nos antojan como totales y el fin en sí mismas; reduciendo el todo a la parte, reduciendo el Amor que transciende al amor personal. Al mismo tiempo que, por medio del miedo, rechazamos espejismos que se nos aparecen como reales.

La confusión está entonces servida, y la verdad del Amor y la mentira del miedo no nos son reveladas.

Principios dinámicos de las organizaciones humanas (Comentario a "Raza e Historia", de Levi-Strauss)

Lo que a continuación presento son una serie de reflexiones elaboradas tras leer el breve ensayo "Raza e historia", de Levi-Strauss.
Con él comparto la idea de que los principios dinámicos de las ciencias, ya sean físicas, biológicas, o incluso culturales, son similares, pero difiero enormemente acerca de la idea de que la evolución, ya sea física, biológica o noética, no lleva ninguna dirección.
Son interesantes las aportaciones que hace en torno a la idea de raza. De acuerdo con esto, el concepto de raza humana no es biológicamente sostenible, como tampoco lo es que las capacidades intelectivas y de producción cultural vayan asociadas a dicho concepto. Es por esto, que se dan muchas más culturas que razas. Existe, por otro lado, una diversidad cultural, estética, sociológica, que no depende directamente de la diversidad biológica humana. Las aportaciones culturales de Asia, África, América y Europa son producto de adaptaciones geográficas, históricas y sociológicas, y no de aptitudes vinculadas a la constitución anatómica o fisiológica de los negros, amarillos o blancos.
Continúa diciendo que en la actualidad es prácticamente imposible hablar de culturas aisladas. Ya que éstas interactúan y se entremezclan a lo largo del tiempo y del espacio, diversificándose a raíz de un nexo común, conectándose desde orígenes distintos; como si de una danza cuántica se tratara. Esta propiedad del desarrollo de la diversidad cultural recuerda a los sistemas de partículas subatómicas, acotados artificialmente, en los que este aislamiento es sólo ideal, no real, pues es imposible separar plenamente un sistema cuántico del resto del Universo. Así, es imposible aislar plenamente para su estudio una cultura de las restantes. Incluso en los albores de la Humanidad, toda cultura primitiva experimentaba un grado mínimo de contacto y, por tanto, de permeabilidad con sus vecinas. Este radio de interacción en la distancia se fue ampliando, progresivamente, con el transcurso del tiempo, a medida que las culturas maduraban y se desarrollaban hasta desembocar en la globalización actual.
Así pues, la inmensa diversidad cultural es el producto de estas interminables convergencias y divergencias y, en tanto que esto, es un fenómeno natural.
Los estudios arqueológicos parecen mostrarnos, además, que las diferentes revoluciones culturales que se han sucedido a lo largo del tiempo -medido en miles de años-, se han manifestado en la línea temporal de forma casi espontánea o brusca; lo que nos imprime la sensación de que el desarrollo cultural, entendido como revolución cultural, no se da de forma continua, sino a saltos. Como la transmisión de la energía en física cuántica, en donde ésta se lleva a cabo mediante el suministro de quantos o paquetes de energía.
También pareciera que este desarrollo cultural se diese tanto en sentido creciente/acumulativo, como decreciente/degenerativo. Lo que evoca la idea de que la involución, tanto como la evolución, existen. Para defender este argumento, Levi-Strauss se apoya en el hecho de que ciertas civilizaciones experimentan no sólo un estancamiento sino, también, una regresión olvidando tecnologías adquiridas en el pasado y, en algunos casos, recuperándolas muy posteriormente.
Podemos ya determinar, por todo lo anterior, que las culturas convergen y divergen, así como evolucionan e involucionan. Es por esto por lo que él dice que la humanidad no evoluciona en un sentido único.
Personalmente, me permitiré la licencia de considerar que las convergencias y divergencias culturales se darían en un mismo plano, mientras que las evoluciones e involuciones se sucederían en planos contiguos o escalonados. La misma concepción de planos culturales contiguos o escalonados en la trama espacio-temporal, cada uno de ellos como un sistema de conocimiento particular, genera la inmediata idea de progreso que evoluciona. Una idea que es rápidamente rechazada por Levi-Strauss; o, al menos, lo es en un sentido ortogénico o con una direccionalidad predeterminada. Sin embargo, al considerar éste que nuestra cultura moderna industrializada, lo es sólo por una mera combinación de factores probalísticos que si no se hubieran dado en Europa lo hubieran hecho, tarde o temprano, en cualquier otro lugar, termina asentando las bases de lo que anteriormente negó; esto es el desarrollo ortogénico o desarrollo preestablecido en una determinada dirección, al sentenciar que el racionalismo industrial era inevitable. Parece lógico que aquello que es inevitable -o que habrá de darse, tarde o temprano-, habrá de condicionar el desarrollo de un suceso (físico, biológico o cultural). Reforzando, además, él mismo, esta idea de inevitabilidad de un evento -y, por tanto, de evolución condicionada u ortogénica de éste- en el momento en que se propone hacer referencia al hecho de que revoluciones culturales, como la agricultura y la metalurgia, aparecieran casi simultáneamente en distintos lugares.
Pareciera, por esta replicación aparentemente azarosa, que la evolución no tuviera, realmente, infinitas posibilidades y que ante una serie de condiciones que se repiten en el espacio o en el tiempo, sólo fuera posible un número limitado de resultados; nada más alejado del azar con combinaciones infinitas.
Esta argumentación, inconsciente por su parte, en favor de la ortogenia socio-cultural no está, en mi opinión, enfrentada a los procesos dinámicos de convergencia/divergencia y desarrollo/regresión, asociados a la diversificación cultural. Es perfectamente compatible con todo esto una línea única de desarrollo evolutivo que se vaya abriendo paso entre la diversidad cultural espacio-temporal; que lo haga, además, a saltos, como una línea sobresaliente de entre las convergencias y divergencias posibles, a la par que otras líneas culturales se estancan o involucionan. El hecho de que una parte, o una visión particular, no sea superior a otra, no invalida que el conjunto tenga una dirección o intencionalidad.
Esta “línea de progreso absoluto”, medida en número de cambios de niveles de complejidad del Conocimiento, toma la forma -ya conocida por muchos- en la que la Magia da lugar al Mito, el Mito deriva en el Logos y ¿de aquí a...?. Una línea de progreso absoluto, que es la de la cultura occidental moderna; la cual, hasta hacerse adulta en el Logos, hubo de nacer como Magia y crecer como Mito. “Todas” las culturas nacieron como Magia, en las sociedades tribales. “Algunas” evolucionaron hacia el Mito, con la aparición de las primeras ciudades-estado hasta los grandes Imperios de todos los tiempos y lugares. Y, de entre todas éstas, “las menos", evolucionaron hacia el Logos; la sociedad occidental, de forma destacada, evolucionó plenamente hacia este Logos, en el S. XVIII, con la llegada de la revolución francesa, la Ilustración y el Humanismo, en contraposición y como alternativa, a la nobleza, el absolutismo, el clero y la teocracia míticas. Hablo de un Logos que, qué duda cabe, se gestó en Grecia y se impulsó, definitivamente, en el Renacimiento; y de una “única línea”, como decíamos, la línea de progreso absoluto, que se define así, porque es la que mayor número de cambios de niveles de complejidad creciente ha experimentado.
Levi-Strauss niega, taxativamente, la mayor complejidad de la cultura Occidental moderna en detrimento de las sociedades antiguas, pasadas o lejanas. Hecho con el que puedo estar, en cierto modo, de acuerdo. No hay más que leer Antropología Social para reconocer esto, a modo de pequeña Iluminación en la que la verdad del relativismo cultural ilumina el oscuro etnocentrismo que impide ver. Efectivamente, creo, al igual que él, que la naturaleza intrínseca de la dinámica cultural es “relativista”, en el sentido de que es imposible, sin faltar a una verdad superior, hablar de un sistema cultural absoluto, predominante o de referencia, sobre el que posicionar, evaluar o enjuiciar a los restantes. Curiosamente, para nosotros, ese sistema de referencia cultural absoluto es el nuestro y para cada grupo, es el suyo; esto, de lo que hablo, es etnocentrismo. Enraizado en toda cultura; por ser las mentes, de las que todas las culturas emanan, sencillamente egocéntricas. Así que, ¿qué podría crear el egocentrismo, sino etnocentrismo? En este sentido, consideramos que la Teoria de la Relatividad es ampliable, a través de la consecuente reformulación, no sólo al posicionamiento contextualizado de cada cultura en relación a todas las demás, sino también a la veracidad relativa de cada idea en relación a las restantes ideas de los demás. Ideas que, dicho sea de paso, dan lugar a la Cultura. Y esto es así, porque la observación de otra cultura desde nuestra propia perspectiva cultural nos ofrece, siempre, una visión distorsionada de la naturaleza y significado intrínsecos de la cultura observada.
Desde que nacemos, lo que nos rodea hace penetrar en nosotros, de forma consciente o inconsciente, un complejo sistema de referencias articulado en juicios de valor, intereses múltiples, formas de interpretar, a modo de lente que deforma cualquier visión allá a donde miremos.
Es posible, en consecuencia, que cada cultura sea incapaz de emitir un juicio verdadero sobre otra, puesto que éstas no pueden evadirse de sí mismas sin dejar de ser lo que son. La apreciación subjetiva, intrínseca a cada cultura, por tanto, permanece; impidiendo la objetividad plena.
Y, asumiendo todo lo anteriormente expuesto en torno a la idea del relativismo cultural como principio fenoménico, no puedo, sin embargo, renunciar a la idea de progreso evolutivo, expresado en términos de un aumento de complejidad, que pudiera denotar un cierto sentido de jerarquización. Una jerarquización que pareciera enfrentarse a un relativismo, que no jerarquiza. Y digo, pareciera, porque, en un análisis más profundo de los hechos, creo que estamos en condición de admitir ambas verdades si asumimos que lo que evoluciona, en ordenes de complejidad creciente, no son las culturas -quedando éstas, efectivamente, relegadas al plano de lo relativo, en tanto que partes contextuales-. Lo que evoluciona, entonces, en orden de complejidad creciente, es un nuevo elemento que ha de ser matizado por caerse, con facilidad, en el error de reducir éste a la Cultura, y viceversa. Hablo, sin duda, del Conocimiento. Del Conocimiento, como germen de la Cultura; del cual, ella emana. Un Conocimiento que “interpreta” al Todo en contraposición con unas culturas parciales, que son la expresión contextualizada, en los ámbitos geográfico/temporales concretos, de los diferentes tipos de Conocimiento unidos a las necesidades biológicas y de bienes. Un Conocimiento, que si es intrínsecamente Mágico, se expresa en culturas tribales diversas como las Amazónicas o las Polinésicas o, incluso, en forma de tribus urbanas dentro de culturas más amplias; que si es intrínsecamente Mítico, lo hace en términos de cultura Judeo-Cristiana o Islámica, entre otras; y si es intrínsecamente Racional, lo hace como cultura Capitalista o Socialista, por ejemplo. Éstos son sólo algunos ejemplos.
Continuamos hablando de un Conocimiento que, en tanto que quiere atrapar a la Totalidad, puede ser expresado en términos de absolutos jerarquizados en orden de complejidad creciente. Cada uno de ellos explicando al Todo, cada uno de ellos haciéndolo de forma más compleja; del mismo modo en que, por ejemplo, la mecánica clásica y la mecánica cuántica elaboran su explicación particular del Universo -como el Todo-, y en donde ambas explicaciones son racionalmente verdaderas, con la salvedad de que la segunda, en su mayor complejidad, explica con más detalle. En este sentido, los diferentes órdenes de Conocimiento conocidos -refiriéndonos a la Magia, el Mito y el Logos- presentan sus respectivas Cosmogonías; y, en el caso del Logos, una Cosmología. Cada una de las cuales, como decíamos, abarca la Totalidad, pero de forma más compleja que la anterior, explicando con mayor grado de precisión.
De lo anterior, se deriva que las estructuras psíquicas, de las cuales emana dicho Conocimiento, también presentan este orden jerarquizado de complejidad creciente. Así, los mecanismos que operan en una mente racional, presentan una complejidad mayor que los que lo hacen en una mente pre-racional que se rige por los Mitos. Y a su vez, la mente mítica lleva a cabo elaboraciones más complejas que la mente fantásmico-mágica; utilizo, para desarrollar esta idea, términos expresados en psicología evolutiva.
He pretendido, de esta manera, conciliar el relativismo cultural, que relaciona a unas cultura con otras sin jerarquías, con la noción de totalidades de Conocimiento que se relacionan jerárquicamente entre sí y, no por esto, de forma menos natural. Tratando, de esta manera, de armonizar las partes relativas -como culturas- con las totalidades jerarquizadas -como sistemas de conocimiento-
Me queda, por último, enumerar otras propiedades intrínsecas de la dinámica cultural para aclarar, de esta manera, su naturaleza; revelando, así, que los fundamentos de la dinámica de la materia y los de la dinámica de la información -entendida como desarrollo de las culturas- son similares, como veníamos observando hasta ahora; sí no idénticos. Pudiéndose ver, desde esta nueva perspectiva, la materia y la información como aspectos distintos del mismo principio.
En este orden de cosas, una de las propiedades fundamentales, tanto de la mecánica cuántica como del estudio de las sociedades/culturas, es el hecho de que las predicciones acerca de hacia adonde evoluciona un sistema, ya sea cuántico o socio/cultural, pueden expresarse tan sólo en términos estadísticos o de probabilidades. El determinismo en este ámbito, por tanto, no existe. Y eso puede ser debido, en ambos casos, a que es imposible conocer todas las variables que intervienen en el sistema acotado artificialmente; por no ser posible, como decíamos, una acotación “real” y efectiva del mismo.
También sucede, como en la cuántica, que todo observador de un sistema, a modo de etnógrafo que estudia una determinada cultura, por el mero hecho de observar ya está modificando las condiciones originales de lo observado.
Finalizo esta exposición enunciando el principio según el cual, si en un sistema cuántico -e, incluso, termodinámico- se produce una variación parcial, ésta se refleja instantáneamente en todo el sistema de forma que éste se autorregula. Pues bien, de igual modo sucede en los sistemas sociales o culturales -incluso en los ecológicos y en los organismos-, en donde una modificación en alguna de sus variables o componentes, produce una reorganización de todo el sistema social o cultural; ya sea de forma sutil o evidente. La aprobación de leyes controvertidas son una prueba observable de este principio, en donde el revuelo y crispación social inmediatos terminarán asentándose en nuevas estructuras sociales, así como en renovados valores culturales.
A lo largo del texto hemos tratado de revelar las similitudes entre los principios de las ciencias físicas y las ciencias sociológicas -y, también, con la biología en lo concerniente al principio ortogénico-; usando, como catalizador, el ensayo “raza e historia” de Levi-Strauss, sin más intención que la de aportar un punto de vista diferente, original. No podemos admitir, desde luego, la veracidad inequívoca de lo expuesto. En cambio, si es lícito que descansemos nuestra conciencia en lo que, una y otra vez, nos expresan los científicos más eminentes; esto es la intuición, casi mística, de que tras todo este caos manifiesto se esconde un exquisito orden; junto con la idea de que si una teoría habrá de ser cierta en un futuro, se reconocerá en el presente por su intrínseca belleza.
Nota: La idea del desarrollo ortogénico de las culturas ha sido estrapolada de la idea de desarrollo ortogénico en las especies, presente en el ensayo "Del punto omega de Teilhard a la neo-ortogénesis de la nueva biología", de Juan L. Domenech. -www.redcientifica.com-