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27 sept. 2010

La ofensa y el perdón

  Sólo a través de afrontar la verdad de lo que nos hiere se puede acceder al sincero perdón interior que sana la herida infringida por la ofensa. El que no quiere saber acerca de lo que le hace daño difícilmente podrá perdonar aquello que vagamente conoce.

  La relevancia del "perdón" que nace del Conocimiento; que disuelve al ofendido disipando al ofensor. La importancia del "perdón" que se siente desde dentro; la ofrenda hecha al infractor que no habrá de sanar sino a uno mismo. Ésta es la función del perdón y no otra...

  ...pero sólo hasta que nos damos cuenta de que la "ofensa" es un espejismo que se le aparece al alma y el "perdón" una imagen onírica creada por ella misma.

14 sept. 2010

El destino

El resto del tiempo que nos queda será nuestro destino;
el Universo confabulando, creando su propia Historia.
Inevitable fin, en el que no somos más que partículas al viento.

12 sept. 2010

Acerca del deseo

La raíz de la ansiedad y la infelicidad vitales está en el desear, desear y desear sin fin.

La mente "siempre quiere". Se alimenta del "desear". Y para mantenerse dominante siempre quiere lo que no tiene aquí y ahora. Da igual que lo que en el momento haya obtenido sea la consecución de un deseo, transcurrido el efímero período de chute cerebral que esta consumación implica, para mantenerse activa y dominante, la mente habrá de seguir "deseando" algo que no tenga en este momento. Desear, desear, desear… objetos, personas, situaciones... proyectarse en el deseo hacia el posible futuro en que éste sea consumado, anestesiando, así, nuestro presente mientras soñamos despiertos nuestro futuro. Del mismo modo que despertamos de las ensoñaciones del estado de sueño hemos de despertar de las ensoñaciones de la vigilia. Despertar a la Realidad no filtrada por los pensamientos dominantes y sus objetos de deseo o rechazo, para, así, gestionar adecuadamente el "deseo". Hacerlo desde el Ser desenfocado que se manifiesta en la sonrisa del sedente, en lugar de hacerlo desde el ego, como centro mental de acumulación de valores, ideas y objetos mentales.
Desear no es malo, nos moviliza. Alienarse en el deseo, no es conveniente; nos desconecta de la Fuente del Presente en la que verdaderamente somos, y sólo desde la cual nuestros deseos y acciones para conseguirlos se tornan verdaderos.