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24 oct. 2013

El Vacío budista no es "total ausencia", sino "ausencia de cosa concreta"

  Todas las formas son visibles y sin embargo vacías; todos los sonidos son audibles y sin embargo vacíos; todas las texturas son palpables y sin embargo vacías; todos los sabores se paladean y sin embargo son vacíos… Todos los fenómenos son vacíos.

  Vacío (en el sentido budista) es una manera de “expresar en palabras” la impresión o percepción subjetiva que generan los estímulos sensoriales cuando sobre ellos no se elabora una “idea” o se hace una “reflexión”.

8 oct. 2013

El Budismo como el método para el re-conocimiento de la felicidad que no depende de ninguna circunstancia

  Era un momento de relax y me recosté un par de horas en el sofá antes de acudir a mi cita. Puse la televisión. Un documental que hablaba de la vida de Tchaikovski captó mi atención y no cambié de canal. 

  Entonces supe que este compositor clásico era homosexual, que se casó para acallar rumores y que sufrió mucho a lo largo de su vida a causa de su condición. Me llamó poderosamente la atención una frase que Tchaikovski expresó en algún momento de esta vida suya llena de aflicción. Decía algo así como que… no obtendrás la felicidad por mucho que luches por conseguirla, si ése es tu sino.
Una frase intensa, dramática y no falta de una cierta afección romántica al más puro estilo decimonónico.

  Inmediatamente recordé otra sentencia que escribí en un momento de profunda crisis, en el pasado, la cual decía: “Está escrito que No lo consigas; también lo está que luches por conseguirlo”.
Dos maneras casi idénticas de expresar la intuición que, en momentos de profunda crisis, se tiene acerca de que parece haber una especie de Orden Cósmico que se expresa en cada persona en forma de Destino. De ambas frases también se infiere la idea del sufrimiento que genera una mente que se resiste a este hipotético Destino u Orden Cósmico. También la confirmación de que aunque los factores externos que originan dicho sufrimiento sean distintos, su “esencia interna” tiene el mismo “sabor”. Y, por último, el reconocimiento de que la raíz de todo sufrimiento es la misma: el “me gusta/no me gusta” cómo este aparente Orden Cósmico se expresa a través de mí en forma de Destino

  Este me gusta/no me gusta es la expresión reconocible de la dualidad fundamental (atracción/rechazo) con la que opera nuestro cerebro.
La dualidad es generada espontáneamente, en algún punto del pasado lejano, en el momento en que el cerebro humano desarrolla, como consecuencia de millones de años de evolución, la capacidad cognitiva de crear una autoimagen de un sujeto; un sujeto perceptor de un entorno que es percibido.

   Y es que la mente imagina, fantasea; y en este proceso, en algún momento del desarrollo interior, crea una autoimagen de nosotros mismos sin pedir permiso a la Realidad; y nos apegamos a esa autoimagen y nos ponemos manos a la obra y la persiguimos apasionadamente. En el mejor de los casos, allí está, en algún punto de nuestro destino. Esperándonos en forma de autorrealización (del ego). Y en el peor de los casos, allí no hay nada que se le parezca. No estando dicha autoimagen nada más que en nuestra imaginación. Y la perseguimos como a un espejismo en medio del desierto. Generando toneladas de sufrimiento.

   … Y es que sí, si asumiéramos la idea de que existen infinidad de destinos, uno para cada uno de nosotros, a través de los cuales se expresa el Orden Cósmico, tendríamos que concluir, finalmente, que en esta Vida hay cosas que pueden ser cambiadas y cosas que, definitivamente, NO. 
De manera que, de forma generalizada, la cosa quedaría como sigue: si el destino "no" tiene reservado para nosotros esa cosa que no nos gusta, podremos cambiarla y seremos felices; y si el destino nos tiene asignada esa circunstancia que no nos gusta, por lo que no podremos cambiarla por mucho que nos empeñemos, seremos infelices.

   La crueldad de existir radica, por tanto, en que pareciera que la felicidad nos viene dada como en una especie de Tómbola de la Vida; de manera que si nuestras expectativas acerca de nosotros mismos y lo que el destino nos tiene reservado en términos generales, coincide, ahí está la felicidad, sino, ahí aparece la infelicidad. Éste es, por tanto, el mecanismo fundamental mediante el cual el “yo-ego-persona” genera felicidad o infelicidad para sí.
De esta manera, la felicidad ordinaria (común) consiste en que si lo que nuestro ego quiere para sí coincide con lo que la Vida nos tiene reservado, seremos egóticamente felices, si no, seremos egóticamente infelices.

   Y aquí es donde entra en juego el Budismo en general y el Zen en particular, como mi propia práctica; apuntando siempre hacia esa felicidad interior que no depende de ninguna circunstancia (externa)
Ahora lo veo claro, si pudiéramos expresar la complejidad multidimensional de la práctica budista en una sola frase cuando se nos pregunta, ¿qué es el Budismo? Ésta bien podría ser: El Budismo es el método que apunta hacia el re-conocimiento de esa felicidad interior que no depende de ninguna circunstancia.

   ¡Qué grande es el Budismo!