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17 feb. 2015

Mente y tiempo

   Es la capacidad de interpretar el mundo -que genera el conocer-, la que diferencia al Hombre del animal.
Así, en tanto que el Hombre es consciente de sí, lo es, también, de su entorno; esto es porque en el momento en que el Hombre es capaz de pensar acerca de sí mismo, lo es, también, de pensar acerca de lo que ve a su alrededor. Hechos que, intuyo, habrían de darse simultáneamente. De este modo, en el momento en que el Hombre piensa, comienza a interpretar a sí mismo y a lo que le rodea.

   Interpreta, primeramente, de una forma rudimentaria. Lo hace a partir de la asimilación -en la memoria- de gran cantidad de información sensorial que nace de la sucesión de experiencias propias, en relación al medio, que se van acumulando y reiterando; y que, posteriormente, recuerda y relaciona. Generando, mediante esta capacidad de recuerdo y relación, la somera interpretación del mundo y la sensación de yo -como el centro desde donde se vivencian todas, y cada una, de esas experiencias-, y, junto con esto, la sensación de tiempo que transcurre -como el recuerdo de experiencias en el medio, alineadas una detrás de otra-.
Desde este punto de vista, espacio, tiempo y yo van indisolublemente unidos.

   Si hablamos de tiempo, hablamos, en primer lugar, de un tiempo pasado que es creado, conjuntamente, con la sensación de yo y de mi entorno; y que tiene su base en la remembranza de la información sensorial experimentada. En este punto, con toda la gran cantidad de información acumulada a lo largo de la experiencia continuada, el individuo empezaría a imaginar eventos -todavía exclusivamente ligados a la experiencia sensorial- que no están, realmente, sucediendo y no han sucedido nunca; sino que son copias, ligeramente modificadas, de otros que sí sucedieron. Pudiendo ser de esta manera como surgió, en el individuo, la capacidad imaginativa; y por derivación de ésta, el tiempo futuro o, para ser más exactos, la generación de la idea de tiempo futuro.

   Así, el tiempo futuro no es tiempo real, sino la capacidad de imaginar el posible presente; del mismo modo que el tiempo pasado no es tiempo real, sino la capacidad de recordar el vivido presente.
En un sentido estricto, por tanto, el tiempo pasado y futuro sólo suceden en nuestra mente. Y esto no es una mera elucubración mental de corte filosófico, sino una experiencia viva que se reconoce cuando shamadi se realiza en uno mismo. Es la mente, por tanto, la que “crea” tiempo que va del pasado al futuro; e, instalados en la mente, nos olvidándonos, así, de vivir el presente, que es lo único real.

2 feb. 2015

Budismo o la ciencia de la contemplación (en Red Científica)

Publicación del artículo "Budismo o la ciencia de la contemplación", en la revista digital Red Científica.


Éste es una revisión y ampliación de la entrada "Budismo practicado, budismo reflexionado, budismo experienciado".