Búsqueda

5 abr 2010

Dos almas

Dos almas anudadas por el destino rasgan la atadura.
Un alma, ya libre de lastre, vuela hacia las alturas;
Otra alma, sin punto de agarre, cae en el abismo.
Abajo, la tiniebla dice: Lo que veo es todo lo que hay.
Arriba, la Luz sabe que debe su brillo a la oscuridad.

El despliegue del Kosmos y de la Conciencia

  La experiencia contemplativa nos revela, de forma inequívoca, que todo es, por llamarlo de alguna manera, Ser o Conciencia. Este Conocimiento último (Gnosis, en occidente), se expresa en forma de la mayor evidencia jamás experimentada, como lo único que es perfectamente real. Consiste, como se dice en el Zen, a modo de metáfora, en “cruzar a la otra orilla”, en una última transformación interna (metanoia), en donde la objetividad que a la mente proporcionan los sentidos se reconoce como la subjetividad de la Conciencia, y en la que toda realidad ordinaria se construye sobre esta Realidad Trascendente. La expresión cognitiva se torna, entonces, más real -en el sentido de más exacta- en la experiencia contemplativa que en el estado ordinario de conciencia, al cual se le considera, desde esta visión omniabarcante, como una especie de construcción sobre la Realidad dada de forma espontánea. Reconocer este hecho es, como se dice en el budismo, Despertar. Despertar a la espontaneidad pura de la Realidad, tal cual es, sin perjuicio de la realidad que nuestra mente construye para nosotros, pero que es parcial.

  Parcial, en el sentido en el que el hindú, Sri Nisargadatta Maharaj, lo expresa cuando dice: “Tomamos la palabra por la cosa, el reflejo por la Realidad; e imponemos a la verdad nuestra propia versión equívoca de la vida”.
De forma más concreta, lo expresa el semántico, A. Korzybski, en la frase: “El mapa no es el territorio que representa”.
El físico e historiador de la ciencia, Thomas Kuhn, en su libro, La Estructura de las Revoluciones Científicas, también se refirió a esta idea, a la que abordada desde el conocimiento del mundo que nos proporciona la ciencia, denominó “paradigma”.
Un paradigma sería, desde esta perspectiva científica, en palabras de Kuhm, “la conglomeración de creencias, estimaciones, valores y métodos compartidos por los integrantes de una comunidad científica determinada". Y añade, "cuando un paradigma es aceptado por la mayoría de los miembros de la comunidad científica pasa a ser el enfoque obligatorio de los problemas científicos”. “Desafortunadamente -continúa- también se le suele confundir con un cuadro fiel de la Realidad, en lugar de acogerlo como plano útil, aproximación ajustada y modelo para la organización de la información conocida. Esta confusión del mapa con el territorio es típica de la historia de la Ciencia y, según muchos, de la historia de la Humanidad”.
Einstein, expresó esta misma idea de no confundir el paradigma científico con la Realidad que está tratando de explicar, comparando el Universo con un reloj imaginario de exquisita precisión y que fuese, literalmente, imposible de abrir para observar el mecanismo en su interior. Einstein dijo, que podremos imaginar diversos modelos teóricos acerca de cual será el mecanismo interno del reloj, cada uno de ellos explicando con mayor exactitud que sus predecesores las diferentes funciones del reloj y prediciendo, en consecuencia, más matices del movimiento de sus agujas y demás componentes. Pero nunca podremos saber si, realmente, el modelo mecánico que hemos pronosticado como válido es el que, ciertamente, está en su interior(1)
Ken Wilber, en su libro La Conciencia del Ser (Antología de sus textos espirituales), habla -a su especial manera- del paradigma. Y lo hace, además, abordándolo desde lo que implica la inevitable y continua sucesión de cambios de paradigma, a lo largo de la historia de la Humanidad pasada, presente y futura.
Él designa a este paradigma, o la estructura determinada en que el Ser Humano conoce, utilizando el término griego Kosmos. Dice, lo siguiente: “El Kosmos avanza, ininterumpidamente, hacia delante buscando en el mundo del espacio y el tiempo el summun bonum sin forma y atemporal; algo que no encontrará jamás ya que la evolución se lleva a cabo en el mundo de la forma, que se desarrolla a lo largo del tiempo”. Continúa, diciendo: “Y puesto que nunca lo encontrará, jamás dejará de buscar. La rueda del samsara girará incesantemente. Ésa es la pesadilla brutal que se oculta en su corazón”.
La pesadilla del Kosmos evolucionando, por tanto, es que nunca dejará de hacerlo (Con excepción de que, finalmente, el Universo termine colapsándose sobre sí mismo, claro está)
Aquí, Wilber, introduce un punto de vista muy interesante acerca de la evolución...

  La evolución, la evolución... La evolución “sin fin” hacia el “Punto Omega”; El summun bonum sin forma, inalcanzable por definición en el mundo de la forma y de las ideas, pero que, sin embargo, otorga a éstas una “direccionalidad en su desarrollo”; La ortogénesis, como evolución condicionada de la Naturaleza, defendida por los científicos más atrevidos, avanzando hacia la Utopía de Platón, como el mundo perfecto, final e inalcanzable.
La constante evolución, produciendo cambios de "paradigma" cada vez más abarcantes, más relacionales, más próximos al inalcanzable Punto Omega. Del paradigma Mágico tribal al Mítico de las primeras civilizaciones, del Mítico al Racionalista/Newtoniano, de éste al Cuántico/relativista y de aquí, a quién sabe dónde...
La evolución desplegándose en el mundo de los objetos y las ideas, que crea soluciones a los interrogantes ya dados; trayendo, éstas (soluciones dadas), consigo, nuevos interrogantes, que habrán de ser resueltos a través de nuevos órdenes interpretativos de la Realidad, que se irán gestando en el proceso de la evolución del Kosmos; entendido, éste, como Sistema de Conocimiento o Paradigma.
Todo esto habrá de suceder -siempre sucede- desde un nuevo despliegue -a modo de nuevo paradigma-, más abarcante que el anterior; que lo incluye y lo resuelve a la par que genera, ineludiblemente, sus propias incógnitas inherentes a él que habrán de ser resueltas en el siguiente despliegue o nuevo paradigma, con sus correspondientes intrínsecas incógnitas.
Y así, una y otra vez... Ad Infinitum. Creando, el eterno Kosmos en su "despliegue", en su desarrollo siempre hacia adelante, la infinidad de objetos e ideas posibles, a lo largo del espacio y el tiempo.

  Y de aquí se deriva el principal error del paradigma científico, tan adorado hoy día -adorado como al Dios menor al que sustituyó-. Me refiero, naturalmente, al error originado en la no captación de la esencia del Cosmos (Universo), que se deriva, exclusivamente, de la experiencia contemplativa. Una no captación de la “esencia”, que se observa al pretender que la ciencia, algún día, explique todo el Universo en “la gran teoría”. Sin llegar siquiera, ésta, a intuir, en su delirio de grandeza, lo que por su propia vía nunca conocerá; que la Realidad no nos puede ser dada, racionalmente, de una sola vez. Ésa es la Utopía y, al mismo tiempo, la falacia fundamental del científico, que ha convertido la ciencia en ciencifismo -Todo esto, sin perjuicio de los magníficos avances llevados a cabo en este ámbito-

  Ésta es, por tanto, la pesadilla del mundo de los objetos y de las ideas. La rueda del Samsara que girará incesantemente; La comprensión última de que la incógnita, lo negativo, lo que nos aparta de la plenitud, de la totalidad, es algo inherente a este mundo de las formas y las ideas, al mundo tal y como lo conocemos. Ésta es la Primera Noble Verdad del Budismo, referida al sufrimiento que proporciona lo anterior.
Llegados, entonces, a este punto del desarrollo humano, las terrenales y efímeras gratificaciones sustitutorias de la plenitud utópica, las especulativas promesas de una vida plena más allá de la muerte, ya no son suficientes para el ego atrapado en la pesadilla de la imperfecta existencia, en el sufrimiento inevitable de "ser en el mundo".
Y así sobreviene en el individuo plenamente consciente de ello, la desesperación del ego que se resiste a sufrir en el mundo de los objetos y las ideas. Un mundo en el que, desde cualquier paradigma o nuevo orden desde el que se contemple, nunca será perfecto.
Entonces, cuando se comprende esto, el corazón se congela y el Nihilismo cobra vida, y hace acto de presencia haciendo del Hombre su morada.

  Y, en un último acto de lucidez, sin nada más que hacer que rendirse a lo evidente, sin lucha, sumido en la “noche oscura del Alma” (San Juan de la Cruz), en la plenitud de la abrazada desesperación... estate en silencio y realiza, sin intención de hacer nada, el último despliegue fuera del espacio y del tiempo y dentro de ti mismo, y comprende el milagro de la existencia, más allá de toda ciencia y por encima del bien y del mal.
La dicha de ser aquí y ahora; ¡hay tanto en tu interior que ver a tu alrededor!
Eternamente yaciendo en tu Verdadero rostro. Tu rostro Original que siempre ha sido, es y será: El ni-nacido ni no-nacido que ni muere ni no muere, perceptor de la Verdad, la Belleza y la Bondad (Platón) de lo que, simplemente, "es"; el Uno, sin partes.
Y, entonces, tu pequeño "yo" habrá comprendido que todo ha merecido la pena. Que "los últimos serán los primeros" (Jesucristo) y que "a gran confusión, gran iluminación" (proverbio Zen).

   (1) Referencia extraída del libro de Gary Zucab, “La danza de los Maestrus de Gu-li”

4 abr 2010

Como el Ave Fénix

Y, como el Ave Fénix, surgió de sus cenizas
un Hombre nuevo hecho de fuego.
Su fuego, la llama de Amor viva.
Sus cenizas, el amor ya muerto
con el que irradió al amante
hecho de carne prieta, de mente ansiosa
y un corazón que estaba ya seco.

4 feb 2010

Acerca de la realidad virtual

   Más abajo presento un enlace al Blog “Menta y Canela”, de Dokushó Villalba, en el que éste nos ofrece un magnífico texto. En él, Villalba reflexiona acerca de una sociedad occidental cada vez más "alienada"; acerca, en definitiva, de unos individuos cada vez más instalados en ese "mundo virtual" que nos crea nuestra mente y que nos transporta, continuamente, a "otro lugar imaginado"; alejado del "aquí", repleto de Luz no-usada, y del vivo “ahora”, en el que la Realidad dichosa del Ser está eternamente "presente". Él centra su reflexión en la experiencia de Internet, como fenómeno sociológico. Una reflexión que es extensible, sin duda, a la totalidad de “la vida cotidiana”; de la Realidad misma. De una Realidad cada vez más alienada, “distorsionada” por una mente que nos termina poseyendo, alejándonos de "la realidad misma" para vivir en "mundos alternativos fantaseados" que nos "secan", que consumen gran parte de nuestra "energía vital", y que nos impiden entregarnos al "cien por cien" a nuestro trabajo, a nuestros amigos, a nuestras familias... a la persona que nos ama; pues parte de nuestra "vitalidad" está redireccionada hacia mantenernos "enchufados" a esas "alternativas mentales a la Realidad" en las cuales, continuamente, queremos estar, como en una adicción; en ese otro "mundo virtual imaginado" en el que nuestra "mente" reina y en el que no nos damos cuenta de que tener aspiraciones o, simplemente, querer cambiar una situación personal, nada tiene que ver con estar, casi de continuo, mentalmente, en “otro lugar” construido por la fantasía o el morbo, a base de monólogos internos e imágenes recurrentes. Muy al contrario, este proceder comúnmente aceptado, es la base de la creciente “alienación del Hombre”, acerca de la cual tanta tinta se ha gastado. Y lo cierto, es que no nos damos cuenta de que el hecho de que ésta sea la “práctica mayoritaria” no quiere decir, en absoluto, que ésta sea la “mejor práctica”.

   Nuestra mente es un maravilloso instrumento cuando está al servicio de nosotros mismos, permitiéndonos, así, actuar eficazmente en nuestras acciones cotidianas, permitiéndonos crear y recrear, eventualmente, otras posibilidades; y se torna un "parásito" de nuestro "verdadero yo", cuando estimulada por los "gurúes de la publicidad" y por los “faranduleros televisivos de la frivolidad y del lujo”, ésta (mente), sin control, termina absorbiendo gran parte de nuestra fuerza “vital” para transportarnos, en un viaje con muchos tickets de ida pero pocos de vuelta, a "ese otro mundo imaginado" en el que, continuamente, queremos estar; en el que somos más guapos, más irresistibles y en el que carecemos de los complejos y de las frustaciones que nos provocan los ingenieros publicistas y los embajadores de la frivolidad y del lujo, al estafarnos con sus “fantasías”. “Ese otro lugar imaginado” en donde, finalmente, "el morbo" nos guía por las sendas del continuo “placer virtual” o mental que nos insta, por último, a buscar, a materializar, el placer sensorial fuera de nuestra realidad cotidiana. En esos otros espacios físicos, en donde otros alienados adictos a la alienación, como nosotros, buscan hacer realidad sus propias fantasías o realidades virtuales que los alejan, al igual que a nosotros, de sus vidas cotidianas para, finalmente, ellos, junto con nosotros, culminar su explosión orgásmica de placer físico en el reconocimiento de que “la fantasía”, realmente, está “vacía”, arrojándonos, de nuevo, de una patada, a esta realidad cotidiana; que es la única verdaderamente real y en donde se da la verdadera sensualidad de la que nunca querríamos escapar, y en la que, tras el éxtasis carnal, lejos de salir corriendo, querríamos sumirnos en un eterno abrazo.

   Una realidad cotidiana, repleta de auténtica sensualidad y placer físico que nos resistimos a valorar por culpa de una mente que nos posee y que siempre quiere estar en otro lugar, que siempre quiere algo que no tiene aquí y ahora.
Así, anestesiados de la Realidad, soñamos despiertos y andamos dormidos; soñando otros mundos mientras dormimos, soñando otros mundos mientras no dormimos. Sin nunca Despertar, realmente. Es por esto que al re-conocimiento de la “realidad en sí” o de la “realidad inmediata” o la Realidad (con mayúscula), las tradiciones orientales le llaman Despertar. Despertar a la realidad inmediata más allá de cualquier fantasía, ideología política o creencia religiosa, que está acaeciendo aquí y justo ahora. Reconociéndola, sintiéndola, en este instante como plena en sí misma en la que la mente, que siempre quiere estar en otro lugar, se termina fundiendo con la percepción y con el cuerpo, que siempre están aquí, y en donde -como dicen los Maestros Zen- “a este momento nada le sobra y nada le falta”. Nada, por tanto, hay que buscar fuera de este rico momento, una vez se ha re-conocido tal sobreabundancia latente en este instante... en éste... y en éste... y en este otro...

   “Pienso, luego existo”, dijo Descartes. Y, de este modo, asumiendo que fuera del pensamiento no podemos ser nada más, la sociedad occidental olvidó que antes de “existir porque pensaba” ya “existía porque, simplemente, era”. Así, el “soy, luego existo” es anterior al “pienso, luego existo”. Y este “soy, luego existo” es el “existo, luego pienso” que nos devuelve, finalmente, a la verdadera realidad que no está en otro lugar imaginado, sino en la inmediatez del aquí y justo en este momento, que es la vida cotidiana que no es imaginada, en la que el Ser integrado como el HOMBRE -o MUJER- (con mayúsculas) se manifiesta recuperando, finalmente, su trono que le fue arrebatado por una mente hedonista y caprichosa; y en donde esa otra realidad virtual, esa mente, en definitiva, se pone, nuevamente, al servicio del HOMBRE, y no viceversa.

   Y es en este HOMBRE y no en esa “mente”, en donde se crean las verdaderas relaciones humanas, como compromisos que aportan plenitud; en donde se construyen las verdaderas sociedades, como actuaciones intersubjetivas de intercambio de reconocimiento mutuo; en donde se elaboran las verdaderas políticas, como modelos altruistas de organización social y en donde las verdaderas economías se nos revelan como el intercambio material equilibrado. Y, es por ello, que en la actualidad todo esto no es así; porque residimos de continuo en nuestra mente, que siempre quiere estar en otro lugar, en lugar de residir en nuestro Ser, que siempre está aquí. Porque vivimos anestesiados en el pensamiento -del hombre-, en lugar de vivir plenamente en el Ser -del HOMBRE-

   Y, finalmente, todo lo expuesto anteriormente se reduce a una frase del texto de Villalba que os he invitado a leer, y que dice: “Los sentimientos y las sensaciones fantaseados nos alejan y nos aíslan de los verdaderos sentimientos y sensaciones”. Y yo, añado: ”Estas fantasías continuamente recurrentes, este querer estar casi de continuo en otro lugar, nos alejan de las verdaderas relaciones con las personas a las que realmente importamos”.

   Por último, si habéis llegado hasta el final, os insto a que ocupéis un poco de tiempo más y leáis el texto de este Maestro de la Vida.

1 feb 2010

Acerca del pensamiento y de la Cultura

   Cualquiera que lleve a cabo un mínimo trabajo de instrospección se percatará, inmediatamente, de que la Cultura en que se haya inmerso rige su comportamiento y de que el pensamiento es el instrumento final mediante el cual ésta nos dicta.

   Resulta, por ello, evidente que la Cultura nos grava valores y normas de conducta en el cerebro. La experiencia personal, entonces, se ajusta o desajusta, mediante un acto de pura discriminación mental, a estos valores y normas generando, así, sentimientos de autoestima o reprobación; y estos sentimientos, evocados con mayor o menor frecuencia, estimulan los pensamientos que nos trasladan al pasado, al posible futuro o a la mera elucubración mental. Así, nuestra atención se vuelca en “lo pensado”, en lugar de en el “simplemente ser” anterior a pensamiento alguno. Y es con la aparición de “lo pensado” -con la aparición de la Cultura, en definitiva- con lo que ya, no “simplemente soy”; ahora, además, “pienso que soy ciudadano”, “pienso que soy padre”, “pienso que soy emprendedor”, “pienso que soy un zoquete”, “pienso que soy...”, … pienso que he de “ser algo concreto” (muchas cosas concretas, en realidad). De este modo, nuestra energía vital se disipa en la frustración o en la complaciencia a las que nos lleva “lo pensado”, que se pensó a causa de “lo sentido”, que se sintió al enjuiciar nuestra “experiencia personal”, o al pensarla, en base a los valores y normas que aprendimos en la Cultura que nos convirtió en seres humanos. Es por esto que el pensamiento, al principio y al final de la serie, como en un círculo vicioso, es la causa de este desgaste vital.

   Hablo de un pensamiento que poco tiene que ver con el recto discernimiento impersonal -padre de toda Filosofía y de toda Ciencia-, sino que, más bien, tiene que ver con el pensamiento egóico -personal-, compulsivo, casi esquizofrénico, enraizado en lo dogmático y en el prejuicio y, desafortunadamente, asumido como una actividad psíquica “normal” del Hombre, que surge de la discriminación a la que nos llevan los valores, las visiones del Mundo, la Cultura aprendida. Un pensamiento generador de tensión, que se sirve de prejuicios dogmáticos (sociales y religiosos), que se alimenta de traumas gestados en el no encaje entre “lo sentido” y “lo aceptado culturalmente”, que se alimenta, igualmente, de la vanagloria del que, a la inversa, se ve perfectamente reconocido en la cultura que le vio nacer y que, finalmente, y llevado al extremo, se alimenta, incluso, de las teorías racionales que tratan de ordenar el Mundo y de las teorías ecológicas y humanistas que tratan de salvarlo y de salvarnos. Todos ellos, pensamientos, al fin y al cabo; pensamientos que nos aportan, finalmente, frustración -o devaluación del ego- o complaciencia -o inflación de éste- y que, en su génesis, nos restan la energía vital innata y creadora que lleva adosada consigo la verdadera felicidad, que es sencilla y extática al mismo tiempo; que es innominada, pues su esencia no puede ser atrapada por “lo pensado” -por cualquier cultura dada, en definitiva- sino que, de otra manera, esta felicidad plena en sí misma y Vacía de cualquier contenido concreto, tan sólo puede ser sentida antes de elaborar pensamiento alguno. Por esto, por ser anterior al pensamiento, es Universal y anterior a la Cultura. Una Cultura -lo pensado- que tan sólo puede “representar” dicha Felicidad primera en una imagen, en un concepto, una vez se ha experimentado. Y como imagen, como concepto, la idea salta de mente en mente, desligada ya de su propia Fuente: la experiencia misma; quedando, así, ya inerte. Esto es la ortodoxia religiosa, que convierte lo extático (o la experiencia viva de la Fuente, que es Felicidad innata) en estático (o el mero concepto muerto o idea fija de lo experimentado); que convierte al Espíritu sentido, fluyente e inmanente, en un mero concepto o abstracción pensada, estática e inerte; como si la foto misma fuera suficiente para experimentar el paisaje que ha captado.

   Esto es, en definitiva, la Cultura que, por otro lado, fue la consecuencia inevitable del primer “yo soy” pensado, necesario para el Despertar del Hombre. Esta es la buena noticia y la mala de la Cultura y del pensamiento: La buena; que nos hace conscientes. La mala; que nos genera una falsa identidad, o muchas falsas identidades, en las que nos terminamos perdiendo y mediante las cuales, finalmente, nos terminamos desgastando.

27 ene 2010

La falacia de la libertad en el Neoliberalismo (libertad económica Vs libertinaje económico)

   Neoliberales; que confunden la "libertad económica" con el "libertinaje económico"...

   Así, el Neoliberal reivindica hasta la saciedad su "derecho a la libertad individual", y en ello pone todo su empeño olvidando casi al completo su "deber de compromiso hacia el otro".
Olvidando, precisamente, el mismo "deber compasivo" que a otros en el pasado les movió a hacerle a él un hombre libre en el presente. El espíritu de los Liberales/Ilustrados de hace tres siglos, que libraron al siervo del yugo del Monarca, la nobleza y la jerarquía eclesiástica, convirtiéndolo en ciudadano, en "hombre libre"; "libre", para interactuar con sus iguales en un intercambio subjetivo de "reconocimiento mutuo" que derivara en unas relaciones objetivas -sociales, políticas y económicas- equilibradas. Cuando Adam Smith elaboró su teoría del liberalismo económico, fundamentada en la premisa del "buen egoísta", como el ciudadano emprendedor que produciría una sociedad más equilibrada y próspera en un marco socio/político de libertad económica, no imaginó que esta "idealización" suya derivara, realmente, en el hecho experencial del "puñetero egoísta", como el ciudadano emprendedor que produciría una sociedad casi tan desiquilibrada como la del mercantilismo económico al que dicho liberalismo derrocó. Poniendo, finalmente, de manifiesto que la libertad económica al servicio de ciudadanos libres faltos de "compromiso social", deriva, realmente, en el "libertinaje económico" que da cobijo a aspectos insanos de la economía liberal, como lo son las burbujas inmobiliarias, las especulaciones, los préstamos usureros, la manipulación consumista, ... todos ellos, aspectos de la economía que, sutilmente, esclavizan, nuevamente, al hombre libre.

   Así, del mismo modo que el Marxismo mató la parte de nosotros que nos hace "diferentes", el Liberalismo hizo lo propio con la parte nuestra que nos reconoce como "iguales".

   Hablo de una igualdad, ya casi muerta, que nos fue entregada a todos a través de la institucionalización del movimiento Ilustrado; esto es, la Democracia. De esta manera, por medio del más elevado acto altruista que el Hombre pueda llevar a cabo, la igualdad nos fue regalada por aquéllos que conocían su verdadero significado. Pero ocurre que regalar "igualdad" al que no la siente es colocar a éste, que no la supo valorar, en una posición favorable que le permite generar más desigualdad a través de sus acciones. O dicho de otra manera, tratar como un igual a aquél que no valora esta acción, que no se maravilla ante este hecho y que lo acepta sin más fin que el del beneficio propio, desembocará en acciones de desigualdad de éste hacia los que le son ajenos. Por esto, no bastará con buscar la igualdad para todos desde las instituciones. Habremos, antes, de enseñar su verdadero significado; su significado Universal, que está más allá de uno mismo.
Y enseñar el significado Universal de la palabra no es hacer que la gente memorice su definición, sino conseguir que la palabra les brote desde dentro.
Porque la igualdad ha de ser para todos, efectivamente, pero cada cual ha de hacerla crecer desde dentro de sí. Y éste es el esfuerzo, el deber, de cada siervo que quiera convertirse en ciudadano, de cada operario que aspire a ser jefe, de cada obrero que sueñe con ser empresario,... para, de esta manera, desterrar, definitivamente, del sabio refranero español, expresiones como: “nunca sirvas a quien sirvió” o “si quieres saber como es Juanillo, dale un cargillo”.

   Y así es como la igualdad “regalada” derivó en el Neoliberalismo que la terminó matando. Y así es, dicho sea de paso, como las políticas sociales nunca llegan a ser realmente efectivas. A causa de esta igualdad que es ofrecida, desinteresadamente, desde fuera, desde las instituciones, y que, en la mayoría de los casos, no es sentida desde dentro por quienes la reciben.

15 ene 2010

"Las cosas no tienen significación, tienen existencia" -Pessoa-

   Vivimos en un Mundo objetivo externo colectivo de “cosas”, construido a base de significantes y significados; de palabras, en definitiva, que no sólo designan a los objetos -o las cosas- sino que, además, en cierto modo, los crean, confiriéndoles consistencia propia e independiente, por medio de una percepción contraída que genera la noción de sujeto independiente que percibe al objeto como entidad plenamente delimitada, coherente en, y por sí misma. Y sucede que el objeto percibido sólo tiene consistencia propia en base al sujeto perceptor que lo genera; en donde ambos, son el resultado de una percepción contraída llevada a cabo por la Conciencia aún dormida. Así, se puede decir que éstos (sujeto y objeto) son las dos polaridades complementarias de la percepción contraída. Allí donde hay percepción contraída, por tanto, hay un sujeto que percibe y un objeto percibido. De este modo, allí donde hay “objetos -o cosas-” hay, inevitablemente, un sujeto, o sujetos, que las perciben; o dicho de otra manera, allí en donde hay un sujeto, o varios, hay objetos percibidos. Y esta sencilla ecuación se da así por medio de una especie de error cognitivo o, más bien, de cognición limitada a la que los orientales llaman “maya”; que se origina como consecuencia, como decíamos, de una percepción contraída que se gesta en una Conciencia todavía no despierta.
Por todo esto, creo que decía Pessoa, en uno de sus poemas: “las cosas no tienen significación, tienen existencia”.
Por ello es tan importante el desarrollo cognitivo hacia afuera, del sujeto; su finalidad, la de generar percepciones más ajustadas de la realidad en sí; de nuestro Mundo, en definitiva. Porque, ni la escasa gama de colores que parecen percibir ciertas tribus aborígenes australianas -que es constatable por el hecho de que el vocabulario que usan para referirse a los diferentes colores es bastante pobre-, ni las más de veinte clases de nieve que perciben los esquimales -constatable por el mismo hecho-, ni la totalidad ni la variabilidad ni la calidad de los objetos interactuando causalmente que perciben nuestras ciencias empíricas, entre otras cosas, son totalmente ciertas.

   Vivimos, además, un Mundo subjetivo interno individual de "valores", mediante el que actuamos en ese otro Mundo objetivo externo a cada uno de nosotros -esto es, el Mundo de los objetos percibidos por nosotros como sujetos- Estos valores son percibidos hacia adentro, a diferencia de los objetos que son percibidos hacia afuera. Así, mientras que los valores se gestan por medio de la significación interna, los objetos lo hacen, como decíamos, por medio de la significación externa.
Los valores comunes tienden, además, a organizarse en comunidades de sujetos. O, dicho de otra manera, las diferentes ideologías culturales, políticas y religiosas, crean grupos sociales de sujetos que comparten valores comunes.
Existen, además, infinidad de valores de modo que, en la práctica, no todos los sujetos que comparten una misma comunidad de valores concretos -ej.; la comunidad católica-, comparten, por ello, la totalidad de sus valores individuales. Así, pese a que la función de las comunidades sociales (de valores) es la de crear una interactuación entre sujetos que sea ordenada, finalmente, cada sujeto, dentro de la misma comunidad, podrá tener opiniones diferentes frente a las mismas actuaciones enjuiciadas; debido a que el conjunto de valores en cada sujeto no coincide al cien por cien con los conjuntos de valores de los restantes sujetos con los que interactúa. Unos valores, dicho sea de paso, que, aunque lleguen a tener peso colectivo, de manera que unos sean más incentivados por las sociedades que otros, se han de desarrollar, no obstante, individualmente, desde dentro de cada sujeto. Unos valores que, en un escala de desarrollo universal, son cada vez más relacionales -menos opresivos-, más compasivos -menos intolerantes-,... más mundicéntricos -menos etnocéntricos-. Unos valores que son mejores o peores dentro de una escala de valores Universal. Unos valores que, además, dictan nuestro proceder, o la forma en que interactuamos con el resto de sujetos con los que nos comunicamos subjetivamente. Unos valores mediante los cuales terminamos enjuiciando las acciones ajenas y las propias, generando estados de estima y autoestima, así como de reprobación y autorreprobación, que derivan en una diversa gama de emociones o sentimientos hacia los demás y hacia nosotros mismos; estados emocionales, finalmente, que son más o menos positivos y más o menos negativos para el sujeto que los experimenta, pasivamente, por medio del enjuiciamiento activo de los hechos.
Por ello, es tan importante el desarrollo cognitivo hacia adentro, del sujeto; su finalidad, la de la obtención última de comunidades de sujetos que operen, masivamente, por medio de valores más relacionales, más compasivos, más mundicéntricos, en definitiva; en donde el intercambio intersubjetivo que estos valores masivos mundicéntricos generen, produzca estados subjetivos individuales de estima y de autoestima, así como estados intersubjetivos de reconocimiento mutuo que habrían de derivar, todos ellos, en una subjetividad colectiva o conciencia de grupo, de comunidad, de nación o, porque no, del globo entero, definitivamente equilibrada.

   Así, por el hecho de que no todos compartimos la totalidad de los valores que gestamos individualmente, y por el hecho de que estos distintos valores, gestados en cada individuo, son la consecuencia de los diferentes grados de desarrollo del sujeto -el cual crea el significado interno, o valor, en base a este personal grado de desarrollo-, tenemos, entonces, que en lo cotidiano vivimos un mundo intersubjetivo construido a base de “dimes y diretes”, en donde tan sólo en los estadios más desarrollados el sujeto es capaz de mantenerse al margen, o prácticamente al margen, de este enfrentamiento de opiniones o disparidad en las valoraciones, mediante el recto discernimiento -o Razón iluminativa- y por medio de la inteligencia emocional.

  En donde, ambos, el recto discernimiento y la inteligencia emocional, perfectamente integrados, mediante la perseverancia pertinente, llevarán al sujeto hasta el mismo borde del abismo, en donde le obligarán, por último, a dar un paso más hasta caer, caer y caer... para desplegarse, desplegarse y desplegarse desde el mismo centro del corazón hasta las más recónditas esquinas del Kosmos, dejando atrás a las propias comprensiones y hasta a la capacidad de entender, a las propias emociones y hasta a la capacidad de sentir, a los propios recuerdos y hasta a las propias palabras para que, en lo más alto, el conocedor finalmente se torne lo conocido, el amante y el amado se conviertan en el mismo y uno sólo, el Conocimiento sea el Amor y la totalidad del Universo infinito termine conociéndose a si mismo, sintiéndose a si mismo, experimentándose a si mismo como el Yo que somos desde antes de que nacieran nuestros padres, en un eterno orgasmo Cósmico con el que quedará a si mismo preñado de la potencialidad de todas las cosas; de todos los objetos que generan todos los sujetos; de la manifestación del Mundo, en definitiva, que ahora mismo estamos experimentando.