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24 may 2013

La clara vacuidad cognisciente

  La Vacuidad de la mente es la experiencia de la vasta apertura clara y lúcida. Es el Reconocimiento del ser, el espacio y la luz interpenetrados.

  Esta apertura es también la ecuanimidad inquebrantable; sin rechazo y sin atracción todos los fenómenos se manifiestan en “sí mismos”, tal cual son; sin consistencia propia, Vacíos.

  Vacíos al comprenderse que esta "consistencia" que los fenómenos parecen tener cuando se observan desde el estado ordinario de conciencia, es sólo una proyección de nuestra mente conceptual; la cual, de alguna manera colorea el acontecimiento o fenómeno.

  Vacío dentro, Vacío fuera… Una vez se Reconoce la Vacuidad, dentro/fuera se desvanece como la niebla en la mañana al salir el Sol.

  La comprensión de lo anterior es posible porque la mente vacua es plenamente cognisciente; éste es el conocimiento no conceptualizado que late en nuestra esencia. Así, cuando las operaciones cognitivas ordinarias se suspenden temporalmente no dejamos de ser yo para ser zombis, sino que dejamos de ser yo para ser Ser.

26 mar 2013

Arte marcial es Zen en movimiento

    Miyamoto Musachi, legendario samurai, discípulo de Takuan (célebre en el Zen y en el arte del sable), empleó la expresión “Fudochi” para referirse al estado de maestría común en todas las artes marciales japonesas, tales como la lucha con sable (kendo), el tiro con arco (kyudo), el judo, el aikido, el karatedo… Fudochi es, en realidad, lo que convierte a todas estas prácticas físicas en “artes marciales”. Hasta que dicho estado se realiza en cada practicante, las diferentes disciplinas no dejan de ser meras técnicas o jitsu.

    Si desglosamos el término Fudochi, tendremos que; Fu: Al principio de una frase marca la “negación”, Do: Aquí, la acepción no es “Vía”, como es habitual en las denominaciones de las diversas artes marciales, sino “movimiento” y Chi: Significa “sabiduría”. La expresión haría referencia, por tanto, a “La Sabiduría Inmóvil” (en palabras del Maestro Zen, Taisen Desimaru) o al Conocimiento que nace del estado de atenta quietud interior.

    En kumite (combate) o en las katas (técnicas individuales encadenadas preestablecidas), obviamente, hay movimiento; éste es la acción mecánica del cuerpo.
Pero en el Maestro instalado en el estado de fudochi, este movimiento o acción mecánica del cuerpo es no pensado o inconsciente e instantáneo, pues se gesta, no desde la decisión mental de ejecutarlo, la cual implica movimiento (mental), sino desde la mencionada sabiduría inmóvil, que es la quietud atenta interior en que la Pura Conciencia Luminosa y Estática se manifiesta (Shin). Entonces, es esta Pura Consciencia Inmóvil o "espíritu que se es" o Shin, y no la mente ordinaria, la que se expresa a través del movimiento del cuerpo. Esta comunicación entre espíritu y cuerpo es en realidad instantánea (sin movimiento de desplazamiento de uno a otro), pues, como se comprende cuando se reconoce fudochi, ambos son no distintos.
En las artes marciales tradicionales se dice: “Cuando el espíritu es, el gesto aparece”. Cuando se ha interiorizado previamente la técnica por medio de la repetición continuada de ésta (mínimo cinco años de práctica) y la conciencia inmóvil y atenta es -esto es, se ha actualizado el estado interior de fudochi mediante el cultivo de la atención durante la práctica- se produce, entonces, instantánea e inconscientemente, la técnica justa y apropiada a cada instante.

    La experiencia de fudochi nos revela, además, que cuando el espíritu o la pura consciencia atenta inmóvil es, el “yo mental” o “yo psicológico” en continuo movimiento deja, entonces, de ser; no hay ya un “yo” frente a un "otro", un yo que piensa que pelea, que piensa acerca de cómo tiene que pelear, que piensa que puede ganar o perder, que piensa que ha ganado o perdido una vez terminado el combate... Sin actividad discriminativa de la mente, mente/cuerpo/movimiento/adversario y yo mismo son no diferentes.

    El reconocimiento del estado de fudochi, dentro de uno mismo, mientras practicamos, es la verdadera maestría en las artes marciales y lo que las convierte en tales.

12 mar 2013

Acerca de la verdadera libertad

  El deseo de libertad para hacer lo que a uno en cada momento le place y la inevitable necesidad de hacerlo es en realidad esclavitud del placer.
Ésta, básicamente, es la definición que la sociedad (hedonista) actual da al concepto de Libertad: posibilidad de hacer a cada momento lo que uno desea hacer; y ése su error fundamental, pues al ir continuamente buscando el placer nos tornamos esclavos del deseo.

  La verdadera libertad no consiste, por tanto, en hacer siempre lo que a uno le place y en dejar de hacer lo que uno rechaza. Cuando uno mismo deja de ir corriendo tras lo que le gusta y de huir de lo que no le gusta, y puesto que no podemos dejar de hacer, sólo queda, entonces, hacer a cada momento lo que ha de ser natural y circunstancialmente hecho; esto es, hacer lo que la propia Vida demanda en cada situación sin que emerjan sentimientos de deseo o rechazo en lo que se hace.
A este modo de hacer los sabios chinos le llaman wu-wei o acción sin acción. Y el hombre inmerso en este modo de actuar es el Hombre-Tao en armonía con la naturaleza del Mundo o, dicho de otra manera, en línea con el Cosmos.
La verdadera acción libre es, desde esta perspectiva, aquélla que no se encuentra teñida de “quiero/no quiero” y la verdadera libertad no es, por tanto, hacer lo que se “quiere”, sino dejar que todo se haga naturalmente e instintivamente a través de uno mismo; tan sólo en este estado, el Ser que se “es” se experimenta sin límites perfilados por los “me gusta/no me gusta” elaborados por el "yo". Tan sólo cuando la acción no va impregnada de ninguna emoción/sensación de atracción o repudio, ésta se torna verdaderamente libre; libre de apego (placer) o rechazo (dolor) y libre del condicionamiento limitador que éstos generan.

  La acción pura, espontánea, desnuda, sin objeto de provecho, exenta de querencia o repulsa, incalificada... es la acción libre; sólo ésta lo es verdaderamente.

  Decía un Maestro Zen: “Nos pasamos la mitad de nuestra vida corriendo detrás de lo que nos gusta y la otra mitad corriendo delante de lo que nos disgusta”, permaneciendo, así, continuamente sometidos a los vaivenes del apego y del rechazo, ¿es esto verdadera libertad?

Soñar es pensar dormido; pensar es soñar despierto

Pensar, pensar, pensar... es como dormir, dormir... soñar... la auténtica Vida se escapa.

18 feb 2013

De la simplicidad más absoluta surge la más sofisticada de las perfecciones


…lo perfecto es lo más sencillo; lo más sencillo es lo inmediato; lo inmediato es justo este momento; justo este momento es lo perfecto; lo perfecto es lo más sencillo; lo más sencillo es lo inmediato; lo inmediato es justo este momento; justo este momento es lo perfecto; lo perfecto es lo más sencillo; lo más sencillo es lo inmediato; lo inmediato es justo este momento; justo este momento es lo perfecto; lo perfecto es lo más sencillo; lo más sencillo es lo inmediato; lo inmediato es justo este momento; justo este momento es lo perfecto; lo perfecto es lo más sencillo; lo más sencillo es lo inmediato; lo inmediato es justo este momento; justo este momento es lo perfecto…

“A este momento nada le sobra y nada le falta” (proverbio Zen)

15 feb 2013

El Noúmeno en la Transmisión del Dharma

  Es el “yo psicológico” (biográfico) el que se aferra, el orgulloso, el que se ofende y, por todo esto, el que sufre.
El Yo (Pura Conciencia de Ser) ni se aferra ni deja de hacerlo, ni se ofende ni no lo hace, ni es orgulloso ni humilde... Es la Subjetividad Absoluta de la que toda “impresión” emerge. Es la potencialidad de “todos los puntos de vista” y ninguno de ellos. Es lo que hay antes de que nada pueda ser dicho. Es “la cosa en sí” o Noúmeno Kantiano que, efectivamente, como dijera Kant, no puede ser captada por la Razón… Si bien, éste no cayó en la cuenta de que esta “cosa en sí” sí puede, en cambio, ser experimentada directamente allí dónde las operaciones cognitivas se desvanecen, la atención se sostiene y el yo biográfico desaparece.

  Cuando en uno de sus discursos, el Buda mostró una flor a sus discípulos y uno de ellos la recibió con una sonrisa, se produjo, entonces, la primera transmisión del Dharma; de Hombre a Hombre, por primera vez, el noúmeno, o la “cosa en sí”, fue revelada.

1 ago 2012

El Zen está hecho para todos, pero no todos están hechos para el Zen

  Comentaba una amiga acerca de los "disminuidos emocionales". Me llamó la atención el término usado para referirse a aquellas personas -de todos los niveles culturales- incapaces de detenerse a revisar, y mucho menos cuestionar, su conducta hacia sí mismos y hacia los demás; como si las agresiones infringidas por ellos hacia otros, estuvieran justificadas en la certeza de que son siempre los demás los responsables de la conducta agresiva de ellos mismos. Y es que, para ellos, él/ella se lo ha buscado. Yo los llamo de forma parecida, "inválidos afectivos"; ahí están.

  Y, en relación con ellos, alguna cosa he aprendido: que no enseñarás nada a nadie que él mismo no quiera aprender. Esto es que por más que abras tu corazón al otro (a uno de estos inválidos afectivos), nada le llegará si el suyo propio está cerrado.
Pero, por ello, uno mismo nunca ha de dejar de aprender y ser mejor persona cada día, si así lo siente. Y de regalar lo que aprende a quien lo quiera recibir. Sin esperar nada a cambio; por uno mismo y para uno mismo. La verdadera recompensa, esa dicha de Ser que estalla en un millón de algos que no alcanzan a ser nombrados, siempre llega desde dentro de cada uno, nunca del reconocimiento de los demás. La verdadera dicha está en el propio acto de dar, y culmina al ver como el otro lo toma y aprende; en silencio, sin aplausos. Y no se desmerece un ápice si el otro no quiere tomar lo ofrecido.

   La invalidez emocional es difícil de tratar, incluso, en las personas inteligentes, por el hecho de que éstas, cuando no saben relacionarse afectivamente de forma constructiva, en su delirio, terminan creyendo que por ser ellos tan listos, sus razonamientos acerca de ellos mismos y de los demás nunca son erróneos. La misma Razón que ellos saben usar tan bien siempre les da la razón. Y esta invalidez emocional que padecen algunas de las personas más inteligentes es, también, la más peligrosa, pues nosotros mismos convertimos a los inteligentes, sin tan siquiera darnos cuenta, en alguna especie de autoridad a la que hemos de escuchar con atención. De manera que, si alguien tan ilustrado nos dice que somos imbéciles, a veces, secretamente, pensamos que tal vez tenga razón...

   La ignorancia sólo se hace permanente en aquéllos que no creen tenerla. Por ello, una vez aprendido esto, cuando me topo con alguna de estas personas que creen saberlo todo acerca de la Vida, ya no voy de salvador y, con prudencia, me retiro; "vivo" mi vida mientras él/ella se consume en la suya, sin tan siquiera darse cuenta .
   Y es que, ¿quién dijo que el Dios justo existe? ¿que la justicia existe? Nada de eso es... Sólo uno mismo puede realizar completamente su vida llenándola de alegría de vivir, a través de responsabilizarse plenamente de ella; a través de la AUTOrrealización. Ningún Dios la realizará por cada cual, ni vendrá a socorrerle en forma de galán caballero o hermosa dama, inesperadamente aparecidos. La justicia es una paja mental del intelecto. La Vida no entiende acerca de justo o injusto. La Vida, simplemente, se despliega, y uno mismo ha de intuir y tratar de anticiparse... A veces, cuando se está exhausto y ya sin fuerzas, pero el Corazón quiere continuar, la Vida, no se sabe cómo, echa un cable, pero, finalmente, el resto del largo Camino es intuir y tratar de anticiparse. La Sabiduría no se regala. Hay que rasgar, dolorosamente, hacia adentro de uno mismo para encontrarla. Éste es el largo Camino. Para, finalmente, intuir y tratar de anticiparse. Sólo eso, intuir y tratar de anticiparse. Nada más que hacer, pues no se puede hacer nada más. Y en este reconocimiento, uno se experimenta vividamente vivo y una extraña comprensión, más allá de lo bueno y de lo malo, a todo y a todos los abraza compasivamente, amorosamente; porque esta comprensión nos revela que todo y todos conforman el mejor Universo material que, con estas leyes de la Física y de la Psique, puede ser creado. Éste es el precio que hay que pagar por nacer como Seres Humanos de carne, en un Universo de materia. Un Universo material, que posibilita su existencia mediante el flujo de la energía que se da en los procesos básicos de creación y destrucción. Y ésta es la única Justicia existente, la Justicia Universal; que equilibra toda la destrucción que se da en el Mundo con la misma cantidad de creación en él.

  Y cuando se aprende a vivir la Vida con sus verdaderas reglas, ésta ya no se aparece hostil. Un nuevo y desconocido gusto por la existencia pura y extraña brota desde el más profundo centro. Y los disminuidos emocionales dejan ya de afectar, pues se comprende que si, cuando te miran, no te ven, es, entonces, que tú no puedes hacer nada, nada para ayudarles. 

   La Vida es así de justa y de injusta. Así, continuamente, crea y destruye para poder existir. Porque el Dios Misericordioso que nos observa desde los Cielos, mientras esperamos que interceda, sólo existe en las mentes de los Hombres y Mujeres que aún son ingenuos como niños.

   La Vida es así... imperfecta para la Razón, pero perfecta para sus propios fines. Y cuando te empeñas en salvar a uno de estos disminuidos emocionales, corres el riesgo de que él te arrastre consigo. Por ello, cuando uno de éstos inválidos afectivos pide ayuda hay que dársela y cuando no, simplemente, hay que dejarlo ir; aún cuando creamos amarlo/a mucho.

   En la practica del Zen se comprende esto a todos los niveles del Ser Humano y se expresa en la frase, “el Zen está hecho para todos, pero no todos están hechos para el Zen”.
Así, el Maestro no busca al discípulo. Éste viene a él por sí solo. Y, por su propio pie, se marcha cuando quiere.